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1 de Julio de 2013
Medicina

Recuperar el silencio

Millones de personas oyen sonidos inexistentes para el resto de los mortales. Los acúfenos que les acompañan se originan en su propio cerebro. Aunque no se conoce por ahora una cura definitiva, la estimulación cerebral y la terapia sonora parecen mejorar los síntomas.

DREAMSTIME / ANDRÉS RODRÍGUEZ

En síntesis

Los ruidos que producen los acúfenos se deben a conexiones erróneas en el cerebro que pueden originarse por lesiones en el oído.

Con potentes campos magnéticos pueden mejorar los síntomas.

También reducen la molestia un sonido con una frecuencia parecida a la de los acúfenos o la neuromodulación a través de una música modificada para tal fin.

«Lo que más me tortura es el estruendo interior, prácticamente ininterrumpido, que retumba en mi cabeza y que, en ocasiones, aumenta hasta convertirse en un estrépito semejante al de una tormenta furiosa. Este rugido penetra como un murmullo de voces, que empieza a modo de falsos cuchicheos y va en aumento hasta convertirse en un terrible griterío, como si se hubiesen desencadenado en mí las furias y todos los espíritus malignos». De esta forma describía el compositor bohemio Bedřich Smetana (1824-1884) su dolencia: los acúfenos o tinnitus. En el cuarteto para cuerda Escenas de mi vida consiguió traducir el sufrimiento en música: en el movimiento final, el primer violín interpreta durante varios compases un chirriante Mi agudo por encima de un siniestro trémolo en las cuerdas.

Lo mismo que Smetana antaño, en la actualidad unos tres millones personas en Alemania perciben estos ruidos inexplicables. Una cifra similar se registra en otros países de la Europa occidental y en Estados Unidos. Oyen silbidos, zumbidos, cuchicheos, pitidos, tintineos, rugidos, estrépitos o golpes que no se originan en el exterior. Tanto es así que algunos pacientes han llamado al técnico de la calefacción o de la televisión con la esperanza de que arreglara la supuesta fuente del inaguantable ruido.

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