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1 de Septiembre de 2013
PERCEPCIÓN

Sinfonía en rojo

Algunas personas ven las notas musicales, saborean el tacto o perciben los números de colores. Las áreas sensoriales de su cerebro se hallan en estrecha conexión. En la sinestesia participan, además, procesos mentales.

DREAMSTIME: DONNA J. KILDAY (orquesta), GERMÁN ARIEL BERRA (luces)

En síntesis

En la sinestesia, estímulos sensoriales determinados provocan sensaciones que se suponen equivocadas. Estas personas ven sonidos, saborean música o perciben los números de colores.

Hasta hace poco, se atribuía el fenómeno a conexiones acusadas entre ciertas áreas cerebrales.

Investigaciones recientes revelan que el estímulo sensorial por sí mismo no causa las sensaciones sinestésicas. El contenido semántico desempeña una función importante.

Imagínese el lector que se encuentra en un concierto. De repente, la joven sentada a su lado susurra para sus adentros: «Me encanta ver las notas de ese rojo claro bailando sobre las cabezas de los músicos». Durante el descanso entabla una breve conversación con su vecina de butaca. Tras unas primeras palabras, su interlocutora le comenta: «Su voz suena agradable, como el té de jazmín». Al finalizar la función, mientras toman un refrigerio invitados por los organizadores del evento, pues es noche de estreno, ella levanta insatisfecha la mirada del canapé que acaba de morder. Le advierte: «Tiene un sabor demasiado anguloso».

Es probable que su recién conocida le parezca extraña al lector. Aunque no debe preocuparse, pues la joven no se encuentra mal ni padece una enfermedad, simplemente se trata de una persona sinestésica [véase «La sinestesia: ¿una alucinación?», por Philippe Pinel; Mente y cerebro n.o 37, 2009]. Para los individuos con sinestesia, un estímulo determinado (inductor) evoca una sensación sensorial adicional (concurrente). En la situación concreta de un concierto de música clásica, la mayoría de las personas del público perciben sonidos; los sujetos con sinestesia experimentan, además, sensaciones visuales. Y si la mayoría de los humanos distinguen entre los sabores dulce, agrio y salado, los sinestésicos saborean esquinas y aristas. Incluso el timbre de algunas voces les sugiere, como en el encuentro ficticio anterior, el aroma del té de jazmín.

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