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1 de Julio de 2004
Psicología

Naturaleza de los sueños

En la antigüedad clásica, Morfeo constituía el portador mitológico de los sueños humanos. En el siglo XIX, se atribuyeron éstos a los deseos secretos de nuestro subconsciente. ¿Qué sabemos hoy de su naturaleza?

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En síntesis

El descubrimiento en el siglo xx del sueño REM supuso un punto de inflexión en la investigación de las ensoñaciones. A partir de allí, los hallazgos en torno a la fisiología del sueño se fueron sucediendo.

En 1962, Michel Jouvet, de la Universidad de Lyon, descubrió en animales dónde se aloja la fase REM en el cerebro. Ello dio pie a nuevos descubrimientos de la fisiología del sueño.

Las hipótesis neurocientíficas fueron puestas en duda en entornos psicológicos y psicoanalíticos. Sin embargo, las técnicas de neuroimagen permitieron ahondar en este fenómeno.

Artemidoro de Daldis se ganó el respeto de sus contemporáneos, merced a un oficio que hoy reputaríamos poco serio. Interpretaba los sueños. En el siglo II d. C., cuando él vivió, los sueños eran tenidos por mensajes cifrados de los dioses en los cuales se manifestaba a los hombres el futuro. Su desciframiento constituía una tarea reservada a un selecto cuerpo de expertos. El hecho de que Artemidoro en su Oneirokritikon («Sobre las clasificaciones de los sueños») contradijera el común sentir de su gremio no parece que dañara su carrera.

Pues los sueños no eran simplemente sueños. Si pudieran explicarse sin más a partir de la biografía del durmiente, sus colegas no hubieran considerado las imágenes nocturnas como enviadas por los dioses: las hubieran despachado como banales y carentes de significado. Artemidoro, por el contrario, defendía la idea de que su contenido estaba siempre condicionado por las experiencias individuales y por las circunstancias anímicas de cada sujeto. ¿Se habría atrevido a soñar Artemidoro que con este pensamiento se iba a adelantar a un médico vienés que, más de 1600 años después, iba a inaugurar la interpretación moderna de los sueños?

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