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1 de Septiembre de 2012
Sueño

Pausas forzosas

Las personas con narcolepsia se duermen de forma repentina a lo largo del día. Su sistema inmunitario destruye ciertas neuronas cerebrales que controlan el ciclo sueño y vigilia.

© Fotolia / olly

En síntesis

Una de cada 2000 per­sonas padece narcolepsia. La mayoría de los afectados sufre, además, cataplejía, una relajación muscular súbita.

El trastorno obedece a una enfermedad autoinmunitaria: el sistema inmunitario propio destruye ciertas neuronas del hipotálamo productoras de la neurohormona hipocretina (orexina), la cual regula el ciclo de sueño y vigilia.

Por ahora, los síntomas se tratan con fármacos. El diagnóstico precoz podría detener la reacción autoinmunitaria antes de que destruya las células que fabrican la hipocretina.

Los ataques ocurren de repente: el afectado experimenta una necesidad imperiosa de dormir; al instante se le cierran los ojos en plena luz del día. Además de la somnolencia diurna característica, la mayoría de los pacientes con narcolepsia sufren cataplejía: la musculatura corporal se relaja, de manera súbita desaparece toda la tensión corporal y el enfermo se desploma. [véase «Sobre las causas de la narcolepsia», por Joachim Marschall; Mente y cerebro, n.º 24, 2007]. Sin embargo, en esos estados permanecen despiertos y lúcidos. La cataplejía suele desencadenarse en situaciones emocionales (alegría o risa irrefrenable, entre otras). Las personas con narcolepsia también informan de parálisis o alucinaciones mientras se duermen.

En general, transcurren menos de diez minutos hasta caer por completo en los brazos de Morfeo. En particular, los sujetos muestran un sueño REM (por las siglas en inglés de «movimiento rápido de los ojos») rapidísimo. Se trata de la fase del sueño en la que ocurren las ensoñaciones; suele aparecer hacia el final de la noche.

El médico alemán Carl Westphal (1833-1890) describió ya en 1877 un caso del peculiar trastorno del sueño. Pero fue el médico francés Jean-Baptiste-Édouard Gélineau (1828-1906) quien acuñó el término «narcolepsia» en 1880. Con todo, la causa de la enfermedad permaneció largo tiempo aparcada. Llegados al año 2000 se descubrió que los pacientes presentaban una destrucción completa de ciertas neuronas del hipotálamo productoras de la hormona hipocretina, también conocida con el nombre de orexina. Dicha sustancia contribuye, de manera decisiva, a la regulación del ciclo de sueño y vigilia: si los niveles de hipocretina son elevados continuamos despiertos, empero si su concentración disminuye, nos cansamos y dormimos.

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