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Una de las preguntas más ancestrales a la par que arduas de responder para el ser humano es, sin duda, «¿Quién soy?». Ya el filósofo Sócrates afirmaba que conocerse a sí mismo es una de las tareas más difíciles. Con todo, para los contemporáneos que desean alcanzar una vida plena, sigue vigente el aforismo del oráculo de Delfos de la Antigua Grecia: «Conócete a ti mismo». Mas ¿cómo lograrlo?

Desde la filosofía clásica hasta las actuales psicología y neurociencia se han propuesto centenares de teorías y taxonomías que pretenden ayudar a describir la esencia de las ­personas, señala la neurobióloga Nicole Strüber en «Cómo se forja la personalidad». En busca de resumir ese saber, el presente monográfico de Cuadernos de Mente y Cerebro reúne en sus páginas los artículos más destacados publicados en Investigación y Ciencia y Mente y Cerebro que explican los hallazgos alcanzados hasta ahora sobre el autoconocimiento, la personalidad, el yo consciente e inconsciente y los sesgos de autovaloración. Una miscelánea que nos ayuda a definirnos y a presentarnos ante los demás y ante nosotros mismos como un ser unitario, que, en realidad, presenta una conformación enrevesada y cambiante.

«Las personas son, simplemente, demasiado complejas, multifacéticas y a menudo ambivalentes para que el concepto de un yo unitario y verdadero sea un estándar útil para valorar la autenticidad, ya se trate de la propia o de la de los demás», concluyen Jongman-Sereno, de la Universidad Harvard, y Mark Leary, de la Universidad Duke, según explica Scott Barry Kaufman en «La autenticidad personal, en entredicho». La carga genética y las experiencias tempranas influyen en la formación del temperamento de cada uno, subraya por su parte Strüber.

Aunque, a primera vista, definirse a sí mismo no entraña ningún secreto, pues cada uno es consciente de cómo es, muchos de los procesos que intervienen en la elaboración de la propia imagen son inconscientes. Incluso pueden manipularse, advierte el psicólogo y periodista científico Steve Ayan en «La versatilidad de la psique». «Querer conocer el verdadero yo es como intentar cazar a un fantasma», afirma con contundencia el neurocientífico Julian Paul Keenan a Ayan.

En fin, la investigación de la personalidad constituye un campo muy extenso, a la vez que un gran laboratorio para alcanzar un reto humano que persiste, pero que, poco a poco, se va desgranando. Como la pieza ensartada sobre el yo auténtico que descifra Kaufman: el primer paso para alcanzar una autenticidad saludable consiste en desprenderse de los propios sesgos de positividad y contemplarse a sí mismo como se es, en todo su esplendor contradictorio y complejo. Ni más, ni menos.

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