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La memoria autobiográfica

La percepción de nuestra identidad se construye sobre la "memoria autobiográfica", el conjunto de recuerdos y conocimientos que poseemos sobre nosotros mismos. La manera en que se forma esta memoria, sus luces y sus sombras nos revelan poco a poco sus secretos.

La memoria autobiográfica está formada por todos los acontecimientos que constituyen la historia personal. A medida que se repiten, ciertos recuerdos pasan del estatuto de recuerdos autobiográficos episódicos (recuerdos de acontecimientos) al de recuerdos autobiográficos semantizados (que representan el conocimiento general sobre uno mismo). [Getty Images / Jeff Nagy / iStock]

En síntesis

La memoria autobiográfica permite construir un sentimiento de identidad. Forma parte de la memoria a largo plazo, que posibilita almacenar informaciones durante un extenso período de tiempo, si no durante toda la vida.

La mayoría de las veces, la recuperación de un recuerdo particular se apoya sobre lo que se denomina la imaginería mental, es decir, la exploración de un recuerdo a partir de representaciones visuales referentes a un momento preciso.

La memoria autobiográfica reúne conocimientos generales del pasado, habilidades (componente semántica) y acontecimientos específicos asociados con detalles perceptivos y sensoriales (componente episódica).

La memoria, una de las funciones mentales fundamentales, nos permite hacer resurgir el pasado en nuestra mente. En el lenguaje común, el término memoria hace referencia a una forma particular, la memoria autobiográfica. Esta representa un conjunto de informaciones y de recuerdos propios de cada uno, acumulados desde el nacimiento, y que nos permiten construir un sentimiento de identidad. Forma parte de la memoria a largo plazo, que nos permite almacenar informaciones durante un largo período de tiempo, si no durante toda la vida.

Ya en 1890, William James escribía en sus Principios de Psicología: «Un recuerdo es más que un hecho con fecha en el pasado: es un hecho con fecha en mi pasado. [...] Debe aparecérseme envuelto de ese “calor” y de esa “intimidad” [...], que son los criterios con los que la consciencia reconoce y se adueña de cualquier tipo de experiencia».

Un pedestal de la identidad

¿Cuál es su papel con respecto a los otros tipos de memoria? Con frecuencia, la memoria autobiográfica se ha asimilado con la memoria episódica, o memoria de los acontecimientos que se han producido, por ejemplo, el recuerdo de una reunión familiar o de una cena romántica. Ahora bien, distintos datos experimentales y clínicos han demostrado que la memoria autobiográfica está constituida no solo por la episódica, sino también por la semántica, que concierne a un conocimiento general sobre la propia vida (los nombres de los compañeros de clase, su color o su plato preferido, entre otros).

Así, la memoria autobiográfica reúne al mismo tiempo los conocimientos generales sobre el pasado propio (rasgos de nuestro carácter, preferencias, nombres de las personas del entorno) y las habilidades, lo que depende de la componente semántica; así como los acontecimientos específicos, fechados y localizados, que forman parte de la componente episódica y se asocian a un conjunto de detalles perceptivos y sensoriales (imágenes, emociones, olores, sensaciones, percepciones, etcétera).

Una memoria de tres niveles

Según Martin Conway, de la Universidad de Leeds, un recuerdo autobiográfico no se corresponde con la restitución fiel de un acontecimiento vivido, sino que implica un proceso de reconstrucción dinámico a partir de tres tipos de conocimientos, jerárquicamente organizados, del más general al más específico.

Por un lado, los períodos de la vida, medidos en años o en decenios, conllevan informaciones generales sobre los lugares, los actores, los objetivos y los planes específicos de cada período. Así, la época del instituto de secundaria se caracteriza por un contenido temático general (las imágenes genéricas de los profesores, las aulas) y por una duración concreta (con un inicio y un fin determinados).

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