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1 de Mayo de 2012
Psicología

Los canales de las emociones

La capacidad de reconocer el estado de ánimo de otras personas resulta primordial para la convivencia. El cerebro maneja los canales perceptivos que permiten apreciar las emociones en los demás.

© ISTOCKPHOTO / Maartje van Caspel

En síntesis

Para estimar el estado emocional de los demás nos orientamos a través de diferentes informaciones: la mímica, los gestos y la voz.

Una red neuronal compleja, compuesta por centros de control subordinados y niveles primarios del procesamien­to sensorial, combina tales estímulos con el fin de generar una impresión global.

Existen determinados estímulos, entre ellos, los olores, que facilitan el reconocimiento de las expresiones faciales.

Puede ocurrir por la mañana, en la panadería, en el tranvía o en el lugar de trabajo: día sí día también nos relacionamos con otras personas y solemos intuir con rapidez qué humor gastan. Para ello nos servimos de diversos signos no verbales que el interlocutor nos envía, ya sea de manera consciente o inconsciente. Una sonrisa, unos ojos tristes o unos labios ­tensos valen más que mil palabras. La voz —frágil o firme, susurrada o fuerte— nos ofrece más pistas. Los ademanes corporales del individuo en cuestión nos aportan una señal adicional: cómo arrastra los pies o , por el contrario, cuán ligero es su andar nos confirman con frecuencia su estado de ánimo. ¿Cómo logramos tal certeza?

En escasos milisegundos nuestro cerebro enlaza las informaciones y forma una impresión global. Ocurre de manera automática, sin que seamos conscientes de ello. Mediante la integración sensorial somos capaces de configurar una imagen completa del estado anímico de los demás.

El psicólogo Paul Ekman, de la Universidad de California y uno de los pioneros en la investigación de las emociones, se ocupó de la expresión mímica de los sentimientos. Para ello recuperó en los años cincuenta del siglo xx las ideas de Charles Darwin. Ekman clasificó las expresiones faciales teniendo en cuenta unidades de acción, las cuales pueden activarse de manera individual o bien combinada. Pongamos que la expresión natural de alegría implica, además de la elevación del ángulo de la boca, la contracción de un grupo muscular que provoca que se formen pequeñas arrugas en el ángulo ocular. Solo en el caso de que aparezcan ambos componentes percibimos que una sonrisa es natural y verdadera, de modo que podemos interpretarla rápido y con seguridad. Sin embargo, ¿cómo realiza el cerebro tan complejo análisis de la mímica de una persona?

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