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El cerebro sometido a tensión

Los circuitos neuronales responsables del autocontrol consciente son sumamente vulnerables al estrés. Cuando no funcionan, la mente es incapaz de regular los impulsos primarios y se paraliza.

Dan Saelinger

En síntesis

Quedar paralizado ante el estrés, una situación que todos hemos experimentado alguna vez, tiene su origen en una pérdida del control sobre las funciones ejecutivas que nos permiten dominar nuestras emociones.

La región cortical prefrontal, que opera a modo de centro de control ejecutivo, contiene nuestras emociones mediante el envío de señales que reducen la actividad en los sistemas primitivos del encéfalo.

En situaciones cotidianas de estrés, la corteza prefrontal puede desactivarse y, la amígdala, un núcleo de regulación de la actividad emocional, toma las riendas, lo que induce bloqueo mental y pánico.

Se está explorando la fisiología del estrés agudo y se están evaluando intervenciones farmacológicas y conductuales que nos ayuden a recuperar la compostura cuando la partida se complica.

El examen de admisión a la facultad de medicina, un bombardeo de cientos de preguntas que dura cinco horas, suele dejar desconcertado y ansioso incluso al candidato mejor preparado. Para algunos futuros médicos, la incesante presión hace que su capacidad de razonamiento enlentezca o se pare por completo. La experiencia, a la que se refiere a menudo como asfixia, dolor de cabeza, nervios, temblor, abatimiento, pánico, mente en blanco u otros términos descriptivos, le resulta familiar a casi todo aquel que haya arruinado un discurso, se haya quedado paralizado al escribir o se haya enfrentado a un largo examen.

Durante decenios se creía conocer lo que sucedía en el cerebro durante un examen o en un campo de batalla. Pero en los últimos años, varias investigaciones han arrojado nueva luz sobre la fisiología del estrés. La respuesta al estrés no solo consiste en una reacción primitiva en la que intervienen ciertas partes del encéfalo presentes en una gran variedad de especies, desde la salamandra hasta los humanos. El estrés puede inutilizar nuestras facultades mentales más avanzadas, las regiones del cerebro más desarrolladas en los primates.

Los libros de texto de antaño explican que el hipotálamo, una estructura evolutivamente antigua alojada en la base del encéfalo, reacciona ante el estrés mediante la activación de la secreción de una serie de hormonas de la hipófisis y las glándulas suprarrenales, lo que acelera el ritmo cardíaco, eleva la presión arterial y disminuye el apetito. Ahora, una investigación ha revelado la influencia de la corteza prefrontal, la región situada justo detrás de la frente que sirve de centro de control de nuestras habilidades cognitivas superiores (entre ellas la concentración, la planificación, la toma de decisiones, la perspicacia, el juicio y la capacidad de recuperar recuerdos). Representa la parte del encéfalo que evolucionó más tarde y puede resultar sumamente sensible a ansiedades y preocupaciones, incluso las pasajeras y cotidianas.

Cuando las cosas van bien, la corteza prefrontal opera a modo de centro de control que mantiene a raya nuestras emociones e impulsos primarios. El nuevo estudio demuestra que el estrés agudo e incontrolable desencadena una serie de acontecimientos químicos que debilitan la influencia de la corteza prefrontal a la vez que favorecen la dominancia de las partes más ancestrales del encéfalo. En esencia, el control sobre el pensamiento y la emoción pasa de la corteza prefrontal al hipotálamo y otras estructuras más primitivas. En cuanto esas partes más antiguas toman el mando, nos encontramos consumidos por una ansiedad paralizante o sujetos a impulsos que habitualmente conseguimos controlar: nos abandonamos al exceso de comida, bebida, a las drogas o a un arrebato de consumismo.

El reconocimiento creciente de que el estrés agudo puede poner en grave peligro la función de las áreas ejecutivas superiores en el cerebro humano ha atraído el interés de los investigadores. No solo se intenta entender qué sucede en el cerebro cuando este se paraliza, sino que también se están desarrollando intervenciones conductuales y farmacológicas que lo ayuden a mantener la compostura.

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