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Sobrecarga en el cerebro

El estrés puede contribuir a enfermedades neurodegenerativas como el párkinson y el alzhéimer.

Getty Images / Maartje van Caspel / iStock

En síntesis

Una reciente oleada de estudios revela un factor ambiental importante en la génesis de enfermedades neurodegenerativas: el estrés.

En gemelos idénticos, el alzhéimer afecta a ambos hermanos solo en un 40 por ciento de las veces. Este resultado indica que otros factores, además de los genéticos, contribuyen a la aparición de la patología.

El estrés puede provocar que ciertas células cerebrales no se recuperen de sobrecargas o lesiones, dando origen o agravando los síntomas de trastornos como el párkinson.

El famoso premio nóbel James Watson examinó por vez primera su genoma en 2007. Cincuenta años de avances científicos y progresos técnicos le permitían contemplar la estructura química que tanto había contribuido a revelar, integrada ahora en un paisaje genético personal.

Había, no obstante, un breve tramo de ADN en el cromosoma 19 que Watson prefirió no ver. Esa región codificaba el gen alipoproteína E (APOE). Se sabe desde los primeros años noventa del siglo xx que APOE es un marcador genético asociado a la enfermedad de Alzheimer: ciertas formas suyas guardan fuerte correlación con la aparición de dicho trastorno. La abuela de Watson sufrió de alzhéimer. Al no existir para este trastorno neuro­degenerativo ningún tratamiento razonable, ni estrategias de prevención verificadas, el descubridor de la doble hélice consideró que la información era demasiado lábil; su conocimiento podría causarle más daño que bien.

Los recelos de Watson son comprensibles. Los tratamientos que se han ensayado en relación al alzhéimer han fracasado uno tras otro. Pero conforme se va sabiendo más sobre el cerebro, se va consolidando la convicción de que rara vez la genética dicta por sí sola el curso de la enfermedad. Los trastornos cerebrales resultan de una compleja interacción entre los genes y las condiciones ambientales en las que transcurre la vida. Un grupo de estudios ha permitido descubrir un importante instigador de las enfermedades neurovegetativas: el estrés.

Los investigadores ya habían documentado los efectos del estrés sobre numerosas afecciones psicológicas (la depresión y la ansiedad crónica, entre otras). Ahora bien, la idea de que puede desempeñar una función de importancia en las enfermedades neurovegetativas es relativamente novedosa. Aunque, sin duda, resulta un motivo de preocupación que la actividad frenética de la vida moderna y la tensión a la que nos someten las ocupaciones pueda resultarnos dañosa, el estrés, al menos en principio, es algo que podemos controlar. Es decir, el primer paso para llegar a la vejez con un cerebro sano sería tratar de relajarnos.

Alojamientos estrechos

Desde que Alois Alzheimer, a principios del siglo XX, documentara por vez primera la «demencia presenil» en una paciente [véase «Descubrimiento de la enfermedad de Alzheimer», por R. Dahm; Mente y Cerebro n.o 44, 2010], se ha constatado con frecuencia que esta enfermedad «es cosa de familia». Sin embargo, no fue hasta hace unos veinte años, casi a la par que se apreció el vínculo con APOE, cuando empezaron a columbrarse indicios de la existencia de factores no genéticos concomitantes.

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