Conjeturas cerebrales

Lo mismo que la naturaleza, el cerebro detesta el vacío.

JOHNNY JOHNSON

Nuestra percepción del mundo depende, en un grado asombroso, de la inteligente labor conjetural de nuestro cerebro. Una imagen blanca y ovalada que excite nuestra retina puede corresponder a un huevo, a un disco plano y perfectamente circular, pero inclinado, o a un número infinito de formas intermedias que creen con la mirada el ángulo debido. Aun así, nuestro cerebro «atina» instantáneamente con la solución correcta. Y lo hace mediante ciertas suposiciones inconscientes sobre los valores estadísticos del mundo natural. Algunas pueden sernos reveladas por las ilusiones ópticas.

La forma en que el cerebro se ocupa de vacíos inexplicables en la imagen retiniana —un proceso conocido por «relleno»— proporciona un ejemplo muy llamativo de este principio. Podemos demostrar tal efecto utilizando el punto ciego del ojo.

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