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1 de Septiembre de 2008
Percepción

La realidad de los contornos ilusorios

¿Por qué parece más real un rectángulo imaginario que otro trazado con líneas auténticas?

SCIENTIFIC AMERICAN MIND

La velocidad de cómputo de los ordenadores, aunque pasmosa, no puede competir con la increíble capacidad del sistema visual humano para construir una figura coherente a partir de fragmentos ambiguos de una imagen. El cerebro parece acertar sin esfuerzo en la interpretación correcta valiéndose de conocimientos de carácter estadístico sobre el mundo, que ha incorporado e integrado en sí y le permiten eliminar soluciones poco probables.

Esta faceta «heurística» de la percepción se pone de manifiesto en la figura a con el conocido rectángulo ilusorio del psicólogo italiano Gaetano Kanizsa, ya fallecido, y de Richard L. Gregory, que en la actualidad es emérito en la Universidad de Bristol. Nuestro cerebro considera del todo improbable que algún científico malicioso haya alineado deliberadamente cuatro «comecocos» en la forma mostrada; por ello acepta la interpretación más económica, a saber, un rectángulo blanco y opaco que recubre parcialmente a cuatro discos negros que hay debajo. Resulta notable que muchos de nosotros lleguemos incluso a insertar —a «alucinar»— los bordes del rectángulo fantasma. El propósito principal de la visión, cabría pensar, habría de consistir en segmentar la escena para descubrir contornos de objetos, y así nosotros podamos identificarlos y responder a ellos.

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