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Evolución de la inteligencia

Al ser humano se le considera la criatura más ­inteligente entre todos los organismos. ¿No debería ser entonces su cerebro también «especial»?

La doctrina de Charles Darwin (1809-1882) sobre la ascendencia del ser humano ha promovido el replanteamiento de diversas áreas científicas, incluida la investigación cerebral. [MORITZ VAHRMEYER]

En síntesis

El ser humano es el más inteligente de todos los organismos. Pero también los grandes simios, las aves, las ballenas y los delfines alcanzan hazañas intelectuales.

En casi todos los aspectos, la diferencia entre el cerebro humano y el de otros mamíferos es solo cuestión de grado. Pero nuestro cerebro posee la mayoría de las neuronas en la corteza cerebral.

Únicamente el área de Broca, una estructura interconectada que actúa como centro del lenguaje sintáctico-gramatical, representa una clara excepción. De ahí que el lenguaje encierre la clave de la inteligencia humana.

Ningún perro compone música, ningún delfín habla en verso, ni ningún papagayo soluciona ecuaciones con dos incógnitas. El talento de estos animales no les llega para tales funciones. Sin embargo, el intelecto humano no es algo que haya caído del cielo. Tiene que haber surgido en el transcurso de la evolución, pues, según la tesis neurocientífica, la consciencia, el pensamiento, toda planificación y toda actuación guardan relación directa con el cerebro.

Desde un punto de vista anatómico, el cerebro humano actual se asemeja estrechamente al de otros antropoides. Lo que, por otra parte, no ha de sorprendernos, pues hace unos siete millones de años poblaban la Tierra antepasados comunes al ser humano y al chimpancé. Pero ¿no tiene que haber algo especial en el cerebro del «hombre moderno», capaz de unas facultades intelectuales tan excepcionales? ¿O acaso Homo sapiens no es mucho más inteligente que los animales?

Medir la inteligencia de los animales y establecer comparaciones adecuadas con los humanos no constituye una tarea sencilla. Los animales ni leen ni hablan. No podemos aplicar a las ratas, ni a los monos ningún test de cociente intelectual al uso.

Para obviar el problema del lenguaje, los investigadores de la conducta han ideado diversos procedimientos aproximativos. La psicología comparada, por ejemplo, investiga especies capacitadas, de forma mayoritaria aves y mamíferos, sobre todo primates, taxón al que, lo mismo que los humanos, pertenecen los simios. En el repertorio de pruebas encontramos las relativas al aprendizaje, la memoria o la comprensión numérica, así como las relacionadas con las conductas dirigidas a la solución de problemas, en las cuales se logra concluir determinadas tareas mediante el uso de la «inteligencia».

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