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Getty Images / Radachynskyi / iStock

Más de un siglo de investigaciones no ha logrado determinar con exactitud qué representa ni qué factores componen la inteligencia humana. ¿Consiste en tener buena memoria? ¿En ser capaz de rotar mentalmente complejas figuras geométricas? ¿O encierra el lenguaje la clave que distingue nuestra inteligencia de la del resto de animales?

Según afirman Ursula Dicke y Gerhard Roth, catedráticos de neurobiología de la Universidad de Bremen y unos de los autores que firman en este monográfico (página 4): «El intelecto humano no es algo que haya caído del cielo. Tiene que haber surgido en el transcurso de la evolución, pues, según la tesis neurocientífica, la consciencia, el pensamiento y toda planificación y actuación guardan relación directa con el cerebro.» Otros, como el profesor emérito de la Universidad de Otago James R. Flynn, ven la diferencia entre una persona más y otra menos inteligente en la capacidad de clasificar conceptos abstractos, ya que ello demuestra que se está habituado a servirse de la lógica y que se posee «un verdadero dominio del mundo moderno», recuerda el filósofo José Antonio Marina (página 18).

El presente número de la colección Cuadernos reúne los mejores artículos sobre el tema publicados en Mente y Cerebro e Investigación y Ciencia. El número se divide en tres secciones con la ­intención de analizar el intelecto humano y su estudio desde tres enfoques principales: su evolución, su medición a través de los tests de inteligencia y el ­cociente intelectual y la influencia genética y ambiental en esta ca­pacidad.

«El cociente intelectual sirve para elegir a los candidatos apropiados para estudiar o trabajar. Ello no significa que la inteligencia sea solo genética ni que otras capacidades humanas carezcan de importancia. La creatividad, la empatía o el poder de convicción apenas se reflejan en el cociente intelectual, pero son importantes para la vida social y la ­felicidad», afirman los psicólogos ­Elsbeth Stern y Aljoscha Neubauer, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y la Universidad de Graz, respectivamente (página 56).

Las distintas facetas que parece presentar la inteligencia humana la convierten en un objeto de estudio harto interesante a la vez que sumamente complejo. Quizá para desentrañar sus misterios sea necesario algo más que ser inteligente.

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