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  • Mayo/Agosto 2018Nº 20

Educación

Aprendiendo a aprender

Existe un acuerdo creciente sobre la necesidad de que el alumno regule su propio aprendizaje. ¿Cuáles serían los componentes principales del proceso?

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El fracaso escolar preocupa a estudiantes, padres, profesores y a la sociedad en general. Según el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación, la tercera parte de los estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) obtiene calificaciones negativas. En la enseñanza media, un 32 por ciento del alumnado repite curso, un 35 por ciento no termina con éxito segundo de ESO y el 48por ciento no supera el bachiller. En la universidad, el abandono de los estudios ronda el 50por ciento. Según el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (CNICE), las causas más reseñables que pueden influir en el fracaso escolar serían intelectuales, motivacionales, orgánicas y emocionales, además de la carencia de técnicas, la falta de esfuerzo y los hábitos de estudio incorrectos y la programación inadecuada.

Sin embargo, a menudo, los estudiantes fracasan en unas asignaturas, pero no en otras. Datos del CNICE indican que en matemáticas y lengua el fracaso es mayor. En el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes —más conocido como PISA— de 2013, España quedaba por debajo de la media europea en matemáticas. ¿A qué se debe ese dispar rendimiento entre unas asignaturas y otras? ¿Por qué existen tantas diferencias entre los alumnos? Suele responderse que las causas de estas diferencias residen en la inteligencia, la personalidad, los problemas emocionales, los conocimientos previos, la falta de motivación y los trastornos de aprendizaje, entre otros motivos.

Del aprendizaje autorregulado, en el que el estudiante decide lo que tiene que aprender y la manera de hacerlo, se dice que es el que da sentido y significado a lo que se aprende. Lo importante no es saber cuánto conocimiento ha adquirido el alumno (nota del examen), sino conocer la estructura y la calidad de ese conocimiento, así como los procesos utilizados para aprenderlo.

El aprendizaje es un proceso socialmente mediado, pues requiere la intervención del profesor y la implicación activa del alumno. Las estrategias que el escolar utiliza resultan primordiales para aprender. (No se estudia con la misma predisposición la asignatura preferida que la aborrecida.) La motivación constituye un componente necesario de la conducta estratégica. Ante una tarea de aprendizaje, el estudiante se pregunta: «¿Qué quiero conseguir con esto, y qué hago para conseguirlo?» Motivo y estrategia, combinados, son pilares en el proceso de aprendizaje del alumno consciente.

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