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1 de Enero de 2015
Aprendizaje

Cómo mejorar la lectura

A pesar de que leer parece una actividad sobre todo visual, se halla principalmente asociada con habilidades lingüísticas. La complejidad de la capacidad lectora ­requiere que los programas para su aprendizaje sean multidimensionales y se ­ajusten a las necesidades de cada niño.

THINKSTOCK / SHELLPHOTO

En síntesis

En la enseñanza infantil deben prevenirse y detectarse con prontitud los riesgos de las dificultades lectoras. Los problemas que persisten en el tiempo pueden derivar en dislexia.

Las dificultades pueden presentarse en el reconocimiento de las palabras escritas, así como en la comprensión del texto. Aquí ejerce un papel importante el desarrollo del lenguaje oral del niño.

Para prevenir problemas de lectura, deben intensificarse las habilidades de consciencia fonológica y las de lenguaje oral de los escolares. La familia ha de involucrarse en el proceso de aprendizaje y mejora.

¿Qué es leer? Una maravillosa invención cultural que permite, entre otras cosas, «[...] conversar con los difuntos y escuchar con los ojos a los muertos», escribía Francisco de Quevedo. En el contexto de la investigación, la lectura ha suscitado un enorme interés desde los albores de la psicología científica. Edmund Huey, de la Universidad de Pittsburgh y pionero en este campo, reconoció en 1908 su complejidad en términos psicológicos: «Analizar por completo lo que hacemos cuando leemos sería el mayor logro para los psicólogos; sería describir uno de los muchos complejos trabajos de la mente humana y también desvelar la enrevesada historia de la actividad específica más excepcional que la civilización ha aprendido en toda su historia.»

Más de cien años después, se ha avanzado con creces en la comprensión de la lectura desde la perspectiva biológica, cognitiva y comportamental. La gran aportación del siglo XX fue poner de relieve la importancia de las habilidades fonológicas segmentales (los fonemas). Desde los inicios del XXI se está investigando con ímpetu la función que cumplen las habilidades fonológicas suprasegmentales (acento, tono, melodía, entonación, pausas, ritmo, etcétera).

Uno de los objetivos primarios de los niños que acceden a la escolaridad obligatoria es aprender a leer y escribir; sin embargo, muy pronto se lee y escribe para aprender. Ello otorga a las habilidades relacionadas con el lenguaje escrito el carácter de herramientas que deben utilizarse con destreza desde muy temprana edad, ya que resultan imprescindibles para el éxito académico futuro y, de modo general, para el desarrollo profesional y social. No sorprende, por tanto, que una parte de la investigación se haya dedicado a desarrollar procedimientos de mejora del aprendizaje de la lectura, tanto para niños con desarrollo normal como para los que presentan una dificultad específica de aprendizaje como la dislexia.

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