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1 de Octubre de 2015
Educación

La educación científica del siglo XXI: Retos y propuestas

¿Se ha de enseñar hoy la misma ciencia y de la misma forma en que nos la enseñaron a nosotros?

CONEXIÓN CON LA CIENCIA REAL: Numerosos proyectos de colaboración entre centros de investigación y escuelas e institutos permiten a los estudiantes salir del aula y conocer de primera mano la actividad científica. En la fotografía, unos participantes de los Campus Científicos de Verano tratan de montar una pila de combustible en un taller sobre energía en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Química de la Universidad Rovira i Virgili. [UNIVERSIDAD ROVIRA I VIRGILI]

En síntesis

Los cambios sociales y tecnológicos que hemos vivido en los últimos decenios están obligando a replantear numerosos aspectos de la enseñanza de las ciencias. Se están desarrollando diversos proyectos innovadores que pretenden adaptar la escuela al mundo de hoy.

La comunidad educativa defiende que el objetivo de la educación debiera ser la alfabetización científica de la población y el fomento del pensamiento crítico. Las organizaciones empresariales, en cambio, prefieren preparar a los jóvenes para satisfacer las demandas del mercado laboral.

Si bien ambas propuestas parten de valores distintos, coinciden en que debe potenciarse el trabajo por proyectos interdisciplinarios, el desarrollo de competencias, la motivación y el interés del alumnado y la conexión de la escuela con el mundo real.

Como cada año en está época, las aulas de escuelas e institutos han vuelto a llenarse de estudiantes dispuestos a iniciar un nuevo curso. En ellas, podríamos imaginar a grupos de niños y adolescentes, sentados delante de su pupitre y escuchando atentos las lecciones magistrales que impartirán los profesores y mediante las cuales (se supone que) irán ampliando sus conocimientos sobre las principales disciplinas.

Sin embargo, esa escena está quedando cada vez más obsoleta; comienza a formar parte del pasado —quizás el que vivió el lector, o sus padres o abuelos—. Los cambios tecnológicos y sociales que hemos vivido en los últimos decenios están obligando a replantear numerosos aspectos del sistema educativo. ¿Qué deberían aprender los estudiantes? ¿Conocimientos que les ayuden a convertirse en ciudadanos alfabetizados, responsables y críticos, o en trabajadores competentes según las necesidades del mercado laboral actual? ¿Cómo podemos mejorar el interés, la motivación y la comprensión de los alumnos? En este artículo presentamos algunas de las principales cuestiones que se están abordando con el propósito de adaptar la escuela al mundo del siglo XXI, centrándonos en las ciencias, una de las áreas curriculares de mayor complejidad.

Las primeras innovaciones didácticas
Actualmente nadie duda de la importancia de enseñar ciencias a todos los estudiantes hasta la finalización de los estudios obligatorios (secundaria). Sin embargo, esta concepción es relativamente reciente: la generalización del estudio de las ciencias tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial. Antes, la enseñanza de la física, la química o la biología a alumnos adolescentes se hallaba muy vinculada a la preparación de estos para acceder a la universidad o a estudios profesionales y, por tanto, solo una minoría de chicos —y todavía un número menor de chicas—, muy seleccionada por su estatus social, estudiaba estas disciplinas. Se considera que el lanzamiento por la Unión Soviética en 1957 del Spútnik, el primer satélite artificial, marcó un antes y un después en la enseñanza de las ciencias, ya que puso de manifiesto la necesidad de disponer de personas preparadas para afrontar los nuevos retos tecnológicos.

En los años sesenta del siglo pasado surgieron, sobre todo en EE.UU. y Gran Bretaña, numerosos proyectos innovadores para mejorar la alfabetización científica de los estudiantes. El «Estudio para la Mejora del Currículo en Ciencias» (Science Curriculum Improvement Study), dirigido por Robert Karplus, profesor de física en la Universidad de California en Berkeley, ofrecía un marco de conceptos científicos fundamentales relacionados con la experiencia de los alumnos con los fenómenos naturales; organizado en doce unidades didácticas, iba dirigido a estudiantes de primer a sexto curso de primaria. Para los alumnos de educación infantil y primaria, la comisión de educación de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) desarrolló el programa «Ciencia: Un enfoque basado en procesos» (Science: A Process Approach). Destacaron también los proyectos de la Fundación Nuffield, la colección «Sistemas químicos» (Chemical Bond Approach Project) y los materiales para bachillerato elaborados por el Comité para el Estudio de la Física (Physical Science Study Committee), del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

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