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Actualidad científica

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  • Mayo/Agosto 2018Nº 20

Pedagogía

La enseñanza de la lectura

La búsqueda del mejor método para enseñar a leer sigue preocupando a muchos educadores. La investigación científica permite actualmente encontrar respuesta a numerosos dilemas que se plantean.

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La enseñanza de la lectura ha recibido una atención considerable en los últimos años por parte de diversas disciplinas: la psicología, la lingüística, las neurociencias y la inteligencia artificial, entre otras. Las investigaciones rea­lizadas han creado un sólido cuerpo de conocimientos sobre la naturaleza del acto de leer, sobre el proceso de adquisición de esta competencia y sobre las dificultades que encuentra el aprendiz en tal proceso. No obstante, y reflejando la enorme importancia que tiene en nuestra sociedad la alfabetización plena de toda la población, los debates sobre los métodos de enseñanza siguen siendo intensos.

¿Hay que enseñar a leer? Plantear esta pregunta presupone que pudiera no ser necesario hacerlo, que se puede aprender a leer como se aprende a hablar, es de­cir, sin enseñanza organizada sistemáticamente. Todos los niños adquieren su lengua materna sin programas de enseñanza ni maestros. Basta con la presencia de adultos que hablan sin intención de enseñar para que los niños aprendan sin voluntad de aprender. Aprender a leer, por el contrario, exige clases, programas, profe­sores, y a pesar de todos estos esfuerzos, plantea problemas a una proporción grande de niños. Sin embargo, algunos autores defienden la idea de que aprender a leer y adquirir la lengua materna no son conquistas fundamentalmente diferentes. Es cierto que muchos niños aprenden a leer con una facilidad asombrosa. Pero, junto a estos, se encuentran otros para quienes esta tarea es casi irrealizable. Tales diferencias individuales no se observan en la adquisición de la lengua materna, lo que respalda la idea de que aprender a leer y aprender a hablar entrañan mecanismos diferentes.

Existen dos familias de métodos de enseñanza de la lectura que se suelen presentar como mutuamente excluyentes: los métodos fónicos, que dan prioridad a la enseñanza del principio alfabético, y los métodos globales y sus derivados, que dan prioridad al significado que transmiten los mensajes escritos. Veremos que no existe nin­gún fundamento para aceptar esta oposición. Aunque la confrontación entre los defensores de uno y otro método es particularmente enconada en el mundo anglosajón, por razones que se expondrán más adelante, los planteamientos también son semejantes en las comunidades de lengua española.

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