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  • Mayo/Agosto 2018Nº 20

Aprendizaje

Ventajas de los yerros

Realizar un examen preliminar antes de entrar en materia de estudio constituye una buena estrategia para el aprendizaje, sobre todo cuando se fallan las respuestas.

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Educadores y pedagogos propugnan desde hace años la «enseñanza sin errores», es decir, aconsejan a docentes (y a estudiantes) crear condiciones de estudio que no permitan errores. La idea que inspira tal principio arraiga en que los estudiantes que yerran recordarán los fallos, por lo que no aprenderán la información correcta o, en todo caso, la adquirirán con mayor dificultad.

Sin embargo, ciertas investigaciones muestran que tal temor es injustificado. De hecho, los estudiantes aprenden mejor si se les proponen situaciones en las que se les «obliga» a cometer errores. En concreto, la recordación es más completa y duradera si las pruebas propuestas son tan difíciles que resulta inevitable equivocarse en ellas. Este fenómeno tiene aplicaciones obvias en la enseñanza, pero, además, resulta útil a todo aquel que esté tratando de asimilar conocimientos nuevos de cualquier tipo.

Primero preguntar, luego estudiar

Los psicólogos Nate Kornell, Matthew Hays y Robert Bjork demostraron que los intentos infructuosos de ofrecer respuestas correctas facilitan el aprendizaje. Estos investigadores, por entonces en la Universidad de California en Los Ángeles, informaron en el número de julio de 2009 del Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, que los estudiantes que fallaban al tratar de responder a preguntas de un test antes de que se les facilitase la respuesta correcta, recordaban mejor la información que si se limitaban a estudiarla.

En uno de los experimentos se pidió a los estudiantes que aprendiesen pares de asociados laxos, es decir, pares de palabras que guardaban cierta relación entre sí aunque no muy estricta (estrella-noche, factoría-industria). Se trata de asociaciones débiles porque, al anunciarle al probando el primer término, la probabilidad de que genere la palabra diana es solo de un 5 por ciento. A estudiantes sometidos a una prueba preliminar se les proporcionó la primera palabra de cada par (estrella-¿?) y se les pidió que produjesen el segundo término, que tendrían que recordar más tarde. Disponían de ocho segundos para ello. Con las probabilidades en su contra, prácticamente ninguno de los sujetos acertó en la palabra correcta (en el caso de estrella-¿? solían responder «brillante» o «astro»). Después de la tentativa, se les facilitaba el par diana (estrella-noche), el cual podían memori­zar durante cinco segundos. A otro grupo de estudiantes se le concedió 13 segundos para estudiar cada pareja de vocablos. Así pues, en ambos casos, los probandos dispusieron de 13 segundos para estudiar los pares.

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