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1 de Julio de 2009
Memoria

El síndrome de Korsakoff

Los que sufren el síndrome de Korsakoff muestran una pérdida grave de memoria. Para ellos, carecen de sentido el futuro, los proyectos, la historia personal o la capacidad de no permanecer bloqueado en el instante presente.

GEHIRN&GEIST/MORITZ VAHRMEYER

En síntesis

A finales del siglo XIX, el médico ruso Sergei Korsakoff (1854-1900) describió por primera vez el síndrome que llevaría su nombre al observarla entre bebedores de vodka.

Años más tarde se relacionó esta patología, que afecta la memoria episódica, con la carencia de vitamina B1 debida al alcoho­lismo y a la malnutrición.

La falta de vitamina B1 destruye en el cerebro los cuerpos mamilares, lo que impide la activación normal del hipocampo cuando se trata de crear nuevos recuerdos.

Sé que esta mañana, cuando abra la puerta de la habitación 1037 del servicio de neurología, volveré a encontrarme con una situación difícil creer. "¡Ah! Otra vez, alguien nuevo", exclamará el paciente desde la cama.

La escena se ha repetido en diez ocasiones. Aunque el diálogo se reitera, él cree siempre que es la primera vez:
- ¿Hace mucho que está aquí?
- Un día o dos, no más, contesta el señor F.; va siendo hora de que vuelva a casa.
- Espere... ¿Dónde estamos?
- Vaya pregunta, pero eh... al veros vestido así, yo diría ¿qué... en el hospital?
- Sí, así es. ¿Sabe qué día es hoy?
El señor F. se rasca la frente...
- Bueno, yo creo que debemos estar en verano.
- Sí, ¿de qué año?
- ¿1999?
Le extiendo el periódico. El señor F. frunce el entrecejo. En la primera página se lee la fecha del 21 de julio de 2001.
- ¿Qué broma es ésta?- exclama.
Me llaman por teléfono y dejo al señor F. muy perplejo. Vuelvo minutos más tarde a su habitación.
-¡Ah! Otra vez, alguien nuevo-profiere-. ¡Hay tanta gente aquí!
Procuro no hacer las mismas preguntas, acompañadas de la entrega del periódico. No habrá novedad en las consabidas respuestas.

El señor F. es un paciente singular. Aunque viva diez veces seguidas un mismo suceso, será para él, de ahora en adelante, una experiencia nueva. Cada mañana se despierta en el hospital y se asombra de estar allí. Cada día encuentra la fecha en el periódico y se entristece, para olvidarse luego. A cada visita del personal, aunque observa a las mismas personas, las recibe como extraños; se presenta y, después, nombre y cara de los saludados se borran de su memoria hasta la ronda siguiente. Es como si su vida se hubiera detenido en el verano de 1999. El médico no se escapa al desvanecimiento universal de sus recuerdos. Dos o tres veces a la semana visito a este hombre, que actúa como si fuera nuestro primer encuentro. Ninguna traza de mi nombre, de mi aspecto, nada de lo que hemos hablado ha dejado la menor huella en su memoria. Hace un año y medio que el señor F. está en la habitación 1037.

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