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1 de Marzo de 2012
Neurolingüística

Adiós al principio modular del lenguaje

Los neurólogos tenían por seguro que el cerebro procesaba la gramática y la semántica de modo distinto. Hoy, el modelo tambalea.

© Dreamstime / Olga Popova

En síntesis

Durante largo tiempo se sostuvo que el proceso lingüístico neuronal separaba sintaxis y gramática. En las electroencefalografías, los potenciales relacionados con los eventos (PRE) ante un quebrantamiento de la norma gramatical se relacionaban con una actividad cerebral aislada.

Desde un punto de vista lingüístico, en los PRE no se muestra una clara separación entre la información gramatical y la portadora del significado.

Los resultados sacuden el modelo de análisis del lenguaje hasta ahora vigente. Parece que el cerebro no distingue entre gramática y significado.

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Psiconeurología del habla».

Desde siempre, la neurolingüística se ha centrado en los errores. Ello no sorprende, si se tiene en cuenta que dicha disciplina científica trata de esclarecer la relación entre dos sistemas de alta complejidad, a saber, el lenguaje y el cerebro. Se conoce que uno proviene del otro, mas su funcionamiento resulta todavía un misterio.

Existen falsas creencias ampliamente extendidas. Una de ellas pone sobre la mesa la suposición de que en el encéfalo se hallan centros lingüísticos que dependen de la función de determinadas áreas del lóbulo frontal. Tal idea se remonta a Franz Josef Gall (1758-1828), fundador de la frenología. Según cuenta una anécdota ampliamente divulgada, uno de sus estudiantes no solo despuntaba de entre el resto de los alumnos por su extraordinaria memoria verbal, sino también por... sus prominentes ojos.

Tal y como hoy sabemos, esto último estaría provocado por una enfermedad de las glándulas tiroides. Sin embargo Gall suponía que ambos fenómenos estaban relacionados: la capacidad de reconocer palabras y memorizarlas debía encontrarse en el lóbulo frontal. En consecuencia, cuanto más talentosa fuese una persona, más voluminosa sería la región cerebral correspondiente. Con ello, la falta de espacio empujaría los ojos hacia el exterior del cráneo.

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