Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Enero de 2012
Psicolingüística

Así hablo, así pienso

De un modo sutil, la gramática y el vocabulario influyen nuestro pensamiento.

Photo Researchers, Inc.

En síntesis

Las percepciones, los pensamientos y los juicios se hallan sujetos a sutiles prejuicios condicionados por la lengua materna.

Las personas reaccionan con mayor rapidez ante estímulos sensoriales para los que su idioma nativo dispone de conceptos concretos; también relacionan atributos con objetos según su género gramatical.

La creencia de que el ser humano solo comprende aquello que asocia con un término es falsa: podemos aprender los matices de significado de otras lenguas.

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Psiconeurología del habla».

Lera Boroditsky acerca su mano a una taza de café situada encima de la mesa, frente a ella. «Si ahora tocase la taza, y esta cayera al suelo, un inglés diría: "Ella ha tirado la taza". ¡Aunque hubiera ocurrido sin querer!». La joven investigadora de la Universidad Stanford añade que en el idioma japonés, en cambio, la intención de la acción se tiene en cuenta: la forma verbal para describir que una persona derriba una taza a propósito difiere de la que se utiliza en caso de que el accidente se deba a un error fortuito. «La taza se ha caído por ella misma», sería el enunciado en sentido literal.

Para los lingüistas este fenómeno supone una de las múltiples particularidades que albergan algunos de los 7000 idiomas que se hablan en el mundo. Boroditsky, como investigadora cognitiva que es, se interesa más por la implicación que desempeñan esas diferencias para la mente. «Las características lingüísticas influyen en cómo las personas recuerdan los acontecimientos pasados», afirma.

Los testigos oculares de un suceso son ejemplo de ello. Boroditsky publicó, junto a su colaboradora Caitlin Fausey, dos estudios entre 2010 y 2011 en los que probandos estadounidenses, españoles y japoneses fueron observados mientras veían distintas películas. Dos participantes actores acudieron al lugar donde se efectuaba la proyección de los largometrajes equipados con globos, que reventaron en la sala; también tiraron huevos y derramaron refrescos. Unas veces acometieron sus acciones visiblemente a propósito; otras, al parecer, sin querer. Justo después, los participantes del experimento debían explicar lo sucedido, como si de los testimonios de un juicio se tratara.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.