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1 de Julio de 2006
Lectura

Base neurológica de la dislexia

En el cerebro del disléxico se observan masas neuronales que señalan un desarrollo anómalo. Por culpa de esa anomalía, tal vez de origen genético, las zonas cerebrales de la lectura sufren una organización defectuosa.

DELPHINE BAILY

En síntesis

Un cinco por ciento de la población sufre dislexia. Al parecer, este trastorno se debe a alteraciones en la actividad neuronal de ciertas áreas del cerebro.

Según se ha observado, estas personas presentan una actividad neuronal reducida en tres áreas del hemisferio izquierdo: el área occipital, la circunvolución frontal inferior y el área parietotemporal.

En humanos así como en animales los genes desempeñan una notable función en la dislexia.

Uno de cada cuatro niños sufre problemas de lectura: dificultades para descifrar los textos, lectura entrecortada, errores frecuentes, inversión de ciertas sílabas, etcétera. ¿Podemos hablar de dislexia en todos los casos? La dislexia designa los retrasos en la lectura que no son imputables ni a un retraso en la educación, ni a una deficiencia intelectual, ni a problemas de atención, ni a una mala integración en el sistema escolar.

Con otras palabras, el disléxico sería un niño educado en condiciones adecuadas, escolarizado con normalidad, que no sufre retrasos mentales ni déficits de atención, si bien presenta un retraso en la lectura con respecto a sus compañeros. Tales niños representan alrededor del cinco por ciento de su grupo de edad, cifra que volvemos a encontrar en el conjunto de la población.

Pero si la causa no es ni educativa, ni sociológica, ni intelectual, ¿de qué tipo es? Los científicos se inclinan cada vez más hacia una hipótesis que denominan «de neurodesarrollo»: un problema en el desarrollo de ciertas regiones del cerebro, tal vez una pequeña «diferencia» genética, responsable de la progresiva instauración de este retardo en la facultad de leer.

En 1979, Albert Galaburda, de la Universidad Harvard, descubrió un fenómeno importante al examinar en el microscopio cerebros de pacientes disléxicos fallecidos. Observó unas manchitas en la corteza cerebral de los individuos: unas agregaciones de células gliales, células de sostén que cumplen una función nutricia. Halló también que estas células solían agruparse con una cincuentena o un centenar de neuronas apoyadas en ellas.

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