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1 de Enero de 2007
Lenguaje

Descubrimiento del área de Broca

El descubrimiento del área del lenguaje suscitó una violenta polémica ¿Cómo concebir que uno pueda perder el uso de la palabra, sin merma de su inteligencia?

En síntesis

El hallazgo del Paul Broca, que relaciona el área del hemisferio izquierdo que lleva hoy su apellido con el lenguaje, se nutrió de los escritos de Franz Joseph Gall y de Jean Baptiste Bouillaud.

Aunque Broca se mostró siempre contrario a la frenología, reconoció a Gall el mérito de promover el principio de las localizaciones cerebrales.

Lejos de obtener el beneplácito inmediato por parte de la comunidad científica, Broca tuvo que demostrar su hipótesis con diversos estudios anatómicos, además de afrontar algunas controversias, entre ellas, la autoría del descubrimiento del área del lenguaje.

En el siglo XIX, las observaciones de ciertos médicos plantearon una aporía filosófica: ¿cómo puede seguir siendo inteligente una persona que pierde el uso del lenguaje articulado? Se hallaba muy arraigada la idea de que el pensamiento dependía del habla. El principal artífice de tamaña revolución intelectual fue Paul Broca (1824-1880), cuyo nombre permanece asociado a una de las afasias más conocidas, un trastorno del lenguaje subsiguiente a una disfunción cerebral. Broca sería el primero en demostrar que el uso del lenguaje dependía de la integridad de determinada zona del hemisferio izquierdo del cerebro.

Suele creerse que los grandes descubrimientos son el fruto de un golpe de genialidad de un hombre excepcional. Se olvida la labor de muchos otros que ha preparado el camino que posibilitó tales descubrimientos. El hallazgo de Broca se nutre, indiscutiblemente, de los escritos de Franz Joseph Gall (1758-1828) y de Jean-Baptiste Bouillaud (1796-1881).

En el segundo decenio del siglo XIX, Gall, frenólogo vienés, asoció un órgano particular a lo que él llamaba el sentido del lenguaje y del habla; lo situó en la parte anterior del cerebro. Así, aunque Gall tenía la intuición —correcta— de que el cerebro estaba formado por zonas funcionales (área del lenguaje, de la vista, etcétera) se equivocaba al identificar en la corteza cerebral unos «órganos» que controlarían la autoestima, el amor conyugal, la benevolencia o la percepción de las leyes de la armonía.

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