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1 de Junio de 2015
Lenguaje

Gestos para aprender

La comunicación mímica con las manos puede revelar conocimientos subconscientes de los alumnos y contribuir a que asimilen información novedosa.

AGE FOTOSTOCK

En síntesis

Las personas invidentes de nacimiento mueven las manos al hablar, fenómeno que sugiere que no solo gesticulamos para quienes nos escuchan, sino también para nosotros mismos.

Los niños que están a punto de terminar una tarea manifiestan ese logro con sus gestos.

Animar a los escolares a que utilicen las manos en sus explicaciones puede contribuir a que afloren conocimientos implícitos, de manera que se modifica su modo de pensar.

Un alumno de primaria al que se le pide que resuelva la ecuación 4 + 3 + 6 = _ + 6 escribe un 13 en el espacio en blanco. Cuando el profesor le pregunta cómo obtuvo ese resultado, el niño responde que ha sumado 4, 3 y 6, y le ha dado 13. Mientras habla, no deja de señalar con una mano el 6 de la izquierda, y con la otra, el 6 de la derecha. Ese movimiento indica que, al menos implícitamente, el alumno se ha percatado de que hay un 6 en cada lado (miembro) de la ecuación. El docente se da cuenta de que basta un pequeño salto mental para entender que esas cantidades iguales en uno y otro miembro se cancelan entre sí, por consiguiente, la respuesta correcta es la suma de los números que quedan en el de la izquierda: 7. Enseña al niño a agrupar el 4 y el 3 y a poner el resultado de esa suma en el espacio hueco; habrá aprendido así a resolver problemas futuros.

El intercambio de saberes descrito sucedió en el laboratorio con motivo de un estudio sobre la mímica y el aprendizaje. Ni el profesor ni el alumno hablaron sobre los dos 6 de la ecuación. Sin embargo, el adulto los vio representados en los gestos del niño, quien de ese modo pedía una instrucción concreta sobre el agrupamiento. Si el alumno no hubiera ejecutado esos movimientos con las manos, el profesor podría haber sugerido otro método de abordar el problema, quizá no tan eficaz.

A menudo gesticulamos al explicar un tema complejo, pero también agitamos las manos en una simple conversación, movimientos espontáneos que no son erráticos sino trasunto de nuestros pensamientos. Los niños que están a punto de terminar un trabajo lo manifiestan a través de sus gestos. Quienes escuchan, recogen la información que destila de los ademanes del que habla, muchas veces de un modo inconsciente. Los buenos maestros se adaptan a los gestos de los alumnos, alterando sus explicaciones e incluso sus propios ademanes a fin de que asimilen mejor esas enseñanzas personalizadas.

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