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1 de Mayo de 2014
Neurociencia

Neurología de la tartamudez

Alrededor de uno de cada cien adultos no logra hablar con fluidez. Las áreas cerebrales que intervienen en el lenguaje oral se activan en las personas tartamudas según una secuencia, al parecer, equivocada.

CINETEXT / IPP

En síntesis

La comunicación entre las áreas más importantes del lenguaje del hemisferio izquierdo se encuentra alterada en los adultos con tartamudez.

Es probable que ello modifique la secuencia de activación de las regiones cerebrales involucradas. Los centros motores no se activan con la rapidez suficiente en el momento decisivo.

Con frecuencia, las regiones del hemisferio derecho compensan el trastorno. No obstante, la estrategia fracasa, sobre todo en situaciones de estrés.

De los jefes de Estado se esperan siempre discursos llenos de pasión y elocuencia. Pero si un rey fracasa en esa pericia, la situación se agrava. Al menos así lo experimentó a comienzos del siglo XX el regente inglés Jorge VI, cuyo destino cautivó a millones de cinéfilos no hace tanto. En 2010, la película El discurso del rey expuso el tema de la tartamudez con gran sensibilidad, pues reflejó los sentimientos de una persona tartamuda: la pena y la frustración de hacer esperar al auditorio durante una eternidad o el enorme sufrimiento de los allegados. ¿Cómo puede ocurrir que un individuo inteligente fracase en una tarea que, en apariencia, no ofrece ningún problema? ¿No existe modo alguno de aprender a hablar con fluidez, aunque sea con una artimaña sencilla y eficaz?

Tras una ardua lucha, Jorge VI logró controlar su trastorno del habla. En el camino experimentó el mismo rechazo que muchos otros tartamudos menos renombrados: cerca del 5 por ciento de los niños empiezan a tartamudear, sin una causa externa aparente, entre los tres y los seis años. El trastorno prosigue en la vida adulta en el 1 por ciento de la población.

Durante largo tiempo han permanecido en la penumbra los motivos por los que los afectados realizan repeticiones y pausas y emiten sílabas y sonidos prolongados tan característicos. Las diferentes hipótesis han propiciado multitud de modalidades de tratamiento. Se sabe, no obstante, que la tartamudez no consiste en un trastorno del lenguaje. La persona sabe qué quiere decir, por lo que hay que dejarla hablar, aunque tarde más en articularlo. En ningún caso debe interrumpirse su discurso con consejos bienintencionados.

Solo en los últimos años, los neurocientíficos han descubierto por qué los individuos con tartamudez pierden de manera brusca el control de la articulación del habla.

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