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Emociones musicales

La música suscita emociones moduladas por diversos parámetros, como el tempo o el modo, mayor o menor. El estudio de estos parámetros hace posible la identificación de los efectos psicológicos producidos: ira, alegría, tristeza o sosiego.

Getty Images / Damir Khabirov / iStock

En síntesis

La emoción musical es una comunicación no verbal. El placer que suscita regula comportamientos afectivos.

Las respuestas emocionales a la música son reproductibles entre diferentes personas y momentos.

La música produce respuestas fisiológicas cuya amplitud depende del contenido emocional.

Paseamos sin rumbo por los barrios antiguos de la ciudad. El tiempo, primaveral, hace amable la caminata. De pronto, los sonidos de una flauta dulce nos envuelven con la claridad de su timbre; una grata sensación se apodera de nosotros al pasar frente al músico callejero. El corazón nos late un poco más fuerte y del cuello arranca un leve estremecimiento que nos corre por la espalda. Le sonreímos al músico, cuyos sones nos acompañan hasta la esquina de la calle. El sonido de la flauta ya es muy débil; aun así, seguimos paladeando la emoción sentida. ¿A qué se debe que esas notas nos hayan sumergido en tan beatífico estado? Los neurobiólogos que estudian las emociones que provoca la música están empezando a penetrar en su potencia y en sus funciones.

Tales emociones son fruto, a la vez, de la experiencia personal y de un placer universal. No solo evocan recuerdos, sino que tienen, además, traducción en manifestaciones corporales: quizás un estremecimiento o la alteración del ritmo cardíaco. La emoción musical es un diálogo, una comunicación no verbal; en este caso, entre el paseante y el flautista. El placer que suscita regula comportamientos afectivos (pensemos cuántas veces hemos sentido la necesidad de música para relajarnos).

En pocas palabras, la música influye en nuestra vida afectiva, pesa sobre nuestras emociones. Vamos a examinar aquí de qué modo perciben los oyentes, sean músicos o individuos sin experiencia musical, unas mismas emociones musicales (gozo, tristeza, serenidad, etcétera) y en qué medida está fundado tal juicio en parámetros musicales, como el tempo, que son percibidos incluso por niños muy pequeños. Veremos, por último, en qué medida las lesiones cerebrales que privan a los pacientes de sus capacidades musicales (que les vuelven incapaces de reconocer, por ejemplo, las tonadas infantiles) ayudan a los neurobiólogos a explicar la formación de las emociones musicales.

El estudio experimental de la capacidad de evocación emocional de la música es reciente. Las emociones han permanecido largo tiempo sin explorar por los estudiosos de la cognición, pues estos eludían abordar los aspectos irracionales del comportamiento humano. ¿Acaso no postulaba Descartes que, para penetrar en los secretos de la razón, era necesario excluir antes la pasión? Este principio ha influido desde hace mucho en la forma de articular los conceptos de emoción y de cognición: se presumía que la cognición se encargaba de la gestión de los procesos conscientes de alto nivel, mientras que la emoción correspondía a mecanismos incontrolables, regidos por el sistema nervioso central.

Se suponía, además, que la cognición y las emociones eran independientes. Sabemos ahora, merced sobre todo a los trabajos del neurobiólogo Antonio Damasio, de la Universidad de Iowa, que la cognición y la emoción se hallan íntimamente vinculadas, y que los aspectos emotivos desempeñan un papel determinante en los comportamientos racionales de toma de decisiones.

Zócalo de la cohesión social

Quienes niegan valor al estudio de las emociones musicales oponen a menudo que la experiencia emocional sea específica de cada oyente y, además, variable de una audición a otra. Sin embargo, la investigación revela que los juicios emocionales de distintos oyentes, aunque fundados en su historia personal y en su peculiar sensibilidad estética, no dependen solo de factores individuales. En un estudio dirigido por Emmanuel Bigand y sus colaboradores del Instituto de Investigación y Coordinación Acústica-Música de París, y del Laboratorio de Estudio del Aprendizaje y del Desarrollo de Dijon, se le presentó a un grupo integrado por músicos y por individuos sin formación musical una colección de 27 extractos de música clásica. Las piezas se habían seleccionado con el fin de suscitar en los oyentes determinadas emociones básicas, como la alegría, la tristeza, la ira o el sosiego, así como otros estados emocionales más sutiles, que difícilmente podríamos clasificar en la categoría de estas emociones de base.

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