Ecoansiedad: enfermos por el planeta

Cambio climático, desaparición de biodiversidad, ­catástrofes naturales, migraciones, conflictos, penurias: para muchas personas, los retos medioambientales se han convertido en la ­preocupación principal. Y para una parte de ellas, en un nuevo motivo de ansiedad.

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En síntesis

Ante el futuro amenazante que depara el calentamiento climático, ha surgido un nuevo tipo de angustia: la llamada «ecoansiedad».

Los ecoansiosos experimentan una forma de traumatismo por anticipación: el choque pretraumático. Mientras algunos sufren tetania (espasmos musculares), otros cambian de vida radicalmente.

La ecoansiedad no es una enfermedad. Antes bien se trata de una conciencia profunda sobre los problemas futuros que desempeña la función de centinela de la sociedad.

Tras el verano de 2019 y sus récords de calor, recibí en mi consulta de psicoterapia en Montpellier a pacientes que presentaban trastornos de ansiedad de un nuevo tipo. ¿El motivo de su visita? El miedo al futuro; en particular, a un futuro sombrío e incierto anunciado con regularidad en los informes científicos sobre el calentamiento climático y la desaparición de la biodiversidad. Para estas personas, proyectarse en un porvenir así resultaba, simple y llanamente, terrible, ansiógeno y desesperante.

El término ecoansiedad ha aparecido recientemente en el discurso público y los medios de comunicación. Una encuesta actual revela que el medioambiente ya es la primera preocupación de los franceses, por delante del poder adquisitivo y los asuntos sociales. ¿Qué implica exactamente esa noción? ¿Cómo debe interpretarla un terapeuta que se enfrenta a menudo a los trastornos de ansiedad «clásicos»? Y ¿qué nos revela este nuevo fenómeno sobre el estado de la sociedad y del planeta?

Los pacientes que acudían a mi consulta por estas razones me convencieron de que debía de haber un fenómeno de gran alcance ligado a estas nuevas inquietudes. Por esa razón, decidí realizar una encuesta en línea. Para ello publiqué un anuncio en Internet. Iba dirigido a todas aquellas personas que quisieran responder a cuestionarios sobre su ecoansiedad, tal y como la estuvieran viviendo. En unas semanas, estaba desbordado. A mí, que no tengo el poder de convocatoria de una institución sanitaria, me «llovían» las respuestas al ritmo de 40 al día, hasta alcanzar un total de 1200 entre el 10 de septiembre y el 10 de octubre de 2019. Algunos de los participantes que respondieron al cuestionario hacían declaraciones que invitaban a la reflexión: «A menudo estoy postrado. No consigo proyectarme en el futuro. Soy muy cínico con la gente de mi edad que tiene hijos, porque vivirán en un mundo apocalíptico». Este tipo de posturas deberían hacernos reflexionar. ¿Estas personas se encuentran enfermas como los pacientes que sufren un trastorno de ansiedad «clásicos» o, simplemente, demuestran lucidez ante un futuro que perciben con más clarividencia que los demás?

¿Quiénes son los ecoansiosos?

Mi encuesta permaneció en línea durante un mes y se difundió, sobre todo, en las redes sociales. En total en­globa las declaraciones de 1264 voluntarios, de los cuales 1066 respondieron al cuestionario completo (el 84,3 por ciento de los participantes). No se trata de una muestra representativa de la población, ya que únicamente las personas muy preocupadas por el tema accedieron a colaborar. Sin embargo, una vez que se comprometieron a dar el paso, el elevado índice de participación demuestra una necesidad real de expresión.

De la muestra se desprenden cuatro tendencias. En primer lugar, se trata de un público femenino en su mayoría (más del 64 por ciento), que proviene de categorías socioprofesionales superiores y reside en ciudades. Más del 60 por ciento de los encuestados pertenecen a la franja de edad comprendida entre los 26 y los 45 años.

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