El poder de la naturaleza

Un paseo por el campo levanta el ánimo y mejora la capacidad de concentración. Los estímulos que ofrece la naturaleza benefician la salud, incluso si se trata de paisajes virtuales.

Getty Images / konradlew / iStock

En síntesis

El contacto con la naturaleza aumenta el bienestar y la capacidad de concentración.

Cuanto más verde es el entorno en que viven las personas, menos trastornos mentales como la ansiedad y la depresión padecen.

Un paisaje virtual ejerce efectos similares, mas no reemplaza una estancia en el campo.

El interior de un escáner cerebral no parece el lugar más propicio para meditar. El tubo del tomógrafo resulta demasiado estrecho, incluso claustrofóbico. La atmósfera del cubículo se respira fría y austera. Si algún científico pretende averiguar qué características neuronales conlleva el estado de paz interior, antes de nada deberá ayudar al voluntario a caer en una relajación profunda. ¿Cómo hacerlo? En la lista de los recursos adecuados para tal fin, la naturaleza ocupa desde siempre unos de los primeros puestos. Un equipo de investigadores británicos y alemanes quiso comprobar si realmente es así. Para ello mostró a los probandos que yacían en un escáner cerebral dos escenas fílmicas diferentes. En una aparecía una playa de ensueño; en la otra se veía una autopista muy transitada. Acompañaron ambas secuencias con unas grabaciones a todo volumen, las cuales reproducían a partes iguales el sonido de olas rompiendo en la orilla y el ruido de un tráfico denso de vehículos.

Las imágenes por resonancia magnética funcional revelaron diferencias en la actividad cerebral de los probandos según las escenas vistas en el escáner. Los 12 participantes que habían observado la filmación del paisaje natural (la playa) manifestaron un aumento notable de la actividad de la corteza cerebral auditiva (centro auditivo del cerebro), la corteza prefrontal medial y la cingulada posterior (estas dos últimas estructuras se activan, entre otras situaciones, cuando la persona dirige con la mente la mirada a su interior y se concentra en sí misma). Es decir, a pesar de las condiciones adversas del inhóspito tubo, la película que proyectaba escenarios naturales ayudaba a los participantes a conseguir una introspección. «Entornos como los de las edificaciones de hormigón o las autopistas difícilmente pueden provocar ese estado», comenta el neurocientífico Simon Eickhoff, del Centro de Investigación de Jülich. La actividad neuronal sincronizada en las regiones cerebrales que propicia el cambio de perspectiva mental se hallaba fuera de servicio; también el barullo de sonidos que acompañaba a las imágenes aparecía simplemente como un ruido sin efecto alguno.

El director del estudio, Peter Woodruff, de la Universidad de Sheffield, opina que las técnicas de obtención de imágenes que se emplean en neurociencia ayudarían a conocer cómo deben diseñarse los parques y las zonas ajardinadas de modo que favorezcan el equilibrio mental de los ciudadanos; permitirían analizar en el laboratorio la influencia de los entornos naturales en el estado de ánimo de las personas.

Por otro lado, los resultados de la investigación de Woodruff explican un fenómeno registrado por las administraciones estadounidenses en los parques nacionales tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. En los días posteriores al ataque, el número de visitantes a los espacios naturales se disparó. Los guardabosques aludieron en aquel momento que los ciudadanos acudían a esos lugares para pasear y reflexionar sobre lo ocurrido.

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