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1 de Septiembre de 2013
Psicoterapia

La psicoterapia a examen

Cerca de uno de cada diez pacientes se siente peor tras la psicoterapia. Al igual que sucede con los fármacos, los tratamientos psicológicos pueden producir efectos secundarios, mas se echa en falta una descripción estandarizada.

«Yo también me estoy psicoanalizando, naturalmente, pero solo llevo quince años. Voy a concederle un año más a mi psicoanalista, y si no funciona, me voy a Lourdes», maldecía Woody Allen en su película Annie Hall, de 1977. [CINETEXT]

En síntesis

Alrededor de uno de cada diez pacientes experimenta un empeoramiento de los síntomas tras la psicoterapia.

Los terapeutas infravaloran esa cantidad de fracasos. Hasta el momento, los investigadores en psicoterapia rara vez se ocupan del problema.

Resulta difícil saber por qué fracasa un tratamiento. Los problemas de los pacientes y las aptitudes de los terapeutas no constituyen las únicas piezas clave: también influye la «química» entre ambos.

A pesar del tratamiento intensivo que seguía cierto paciente, sus crisis de pánico no remitían. No podía ir a ningún lado sin antes asegurarse de que había un médico en las inmediaciones. Desde hacía 30 años, acudía con regularidad a clínicas psiquiátricas. Allí, los terapeutas le confrontaban con cuidado a su miedo a los congéneres. Él practicaba la vuelta al pueblo; poco a poco intentaba estar de nuevo con gente. Una técnica, por lo general, eficaz.

No obstante, la experiencia de los médicos que llevaban el caso brillaba por su ausencia. Tampoco disponían de un plan de tratamiento elaborado y minuciosamente ponderado. En fin, nunca se dieron cuenta de que el paciente tenía pavor a su violento padre. La primera en reparar en ello fue Erica Brühlmann-Jecklin. Ese día la terapeuta sustituía a un compañero de trabajo. Pidió al para ella desconocido paciente que le contara su historia. «Hoy sigo convencida de que se cometió un error muy grave en su tratamiento», señala la psicoterapeuta en Therapieschäden («Daños terapéuticos»), libro en el que se describen casos similares.

En la actualidad, no existen dudas de que la psicoterapia puede ayudar a muchas personas. Sin embargo, hoy como antes, no está suficientemente claro cuándo, cómo y a quién beneficia. La terapia no siempre ayuda; en el peor de los casos, incluso puede resultar perjudicial.

Los propios psicoterapeutas mantienen una relación contradictoria con los posibles fracasos y efectos secundarios del tratamiento. Por un lado, admiten que solo en un porcentaje reducido de sus pacientes se da una evolución desfavorable de la terapia, según describió en 2005 Michael Märtens, por entonces en la Escuela Técnica Superior de Fráncfort del Meno. Pero, por otro, los estudios demuestran la existencia de efectos negativos entre un 20 y un 40 por ciento de los casos tratados. Al menos así lo confirman Norman y Ann Macaskill, de los Servicios Comunitarios y de Salud Mental de Leeds y de la Universidad Sheffield Hallam, respectivamente. Para su investigación encuestaron a varios psicoterapeutas sobre su experiencia profesional en torno a la terapia de conducta. Entre las consecuencias no deseadas destacaban los problemas matrimoniales y los episodios depresivos

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