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1 de Marzo de 2008
Envejecimiento

Cerebro senescente

Las huellas del tiempo, aunque penosas, son inevitables: arrugas, cabellos grises, rigidez de las articulaciones y progresiva pérdida de memoria. Pero, ¿qué pasa exactamente en el cerebro, cuando envejecen las neuronas?

gehirn & geist / gina gorny

En síntesis

Como la mayoría de las células humanas, también las neuronas solo se pueden dividir bajo condiciones, pues en cada división celular se utilizan pequeñas porciones de las puntas de los cromosomas, los telómeros. La enzima telomerasa puede volver a alargar los telómeros (y con ello, la vida de las células), pero puede facilitar la metástasis.

Diversas enzimas, como SIR2, alargan la vida de los animales experimentales, al elevar la estabilidad del genoma. Posiblemente se activan por un costo bajo en calorías.

El estrés oxidativo por radicales libres desempeña una función decisiva en el envejecimiento de las células nerviosas. Las vitaminas C y E evitan el envejecimiento tóxico de radicales.

Los procesos oxidativos intervienen también en las demencias ligadas a la edad. La proteína amiloide b, que se presenta en el cerebro de los pacientes de Alzheimer, activa la liberación de radicales de oxígeno. Por tanto, los antioxidantes que llegan al cerebro podrían proteger de la decadencia mental.

Todos ansiamos la madurez, pero sólo unos pocos querrían ser viejos. William Shakespeare (1564-1616) nos ofrece una visión impresionante en El Rey Lear de los males de la vejez: debilitamiento corporal y perturbación o decadencia mental. El término "viejo" [en alemán, "alt"], que probablemente proviene de la raíz indoeuropea "al" ("crecer" o "madurar"), expresa originariamente un proceso continuo y natural de maduración. Sin embargo, las enfermedades cerebrales de las personas mayores (así, el Alzheimer) en una sociedad, que cada vez es más vieja, representan un serio problema.

La esperanza media de vida humana ha crecido bastante en los últimos siglos. En Occidente ronda en torno a los 80 años. Pero el tope máximo que se alcanza permanece poco menos que inalterado, entre 110 y 120 años. En todas las épocas hubo “matusalenes”, como Robert Meier, que el 29 de enero de 2007 murió una semana antes de su 110 cumpleaños. El 4 de agosto de 1997 murió, con 122 años, la francesa Jeanne Calment. Vino al mundo el 21 de febrero de 1875, y hasta hoy fi gura como el ser humano más viejo comprobado. Ambos —al contrario que el Rey Lear— se mantuvieron en forma hasta el final.

Un envejecimiento sano, y sobre todo activo, en el que los mayores se sientan bien en la vida, plantea hoy un reto específi co para nuestra sociedad. La medicina moderna está muy avanzada en el tratamiento de las manifestaciones de desgaste típicas de la edad; algunos órganos y articulaciones del cuerpo que ya no funcionan se pueden sustituir. Pero carecemos de recambio para el cerebro. Con todo, en los últimos años se han registrado importantes avances en el esclarecimiento de los procesos moleculares que afectan a nuestra mente en el postrer período de la vida. Podemos abordar desde ángulos diversos el debilitamiento mental. Los neurobiólogos, que se ocupan de las funciones naturales de las células y redes neuronales, ven una señal de alarma inequívoca en una plasticidad sináptica menguada, es decir, en el limitado proceso de reconstrucción y reorganización de los lugares de contacto de nuestras neuronas. La plasticidad sináptica empieza a decaer desde la segunda

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