Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Marzo de 2006
Memoria

Pérdidas de memoria, normales y patológicas

¿Dónde he dejado las llaves? ¿Dónde aparqué el coche? Nos inquietan esos fallos de memoria. ¿Pueden ser el aviso de la enfermedad de Alzheimer?

© ISTOCKPHOTO / hjalmeida

En síntesis

Se sabe que con la edad se produce una pérdida progresiva de la memoria. Pero en cierto punto los afectados se preguntan cuándo ese deterioro es normal y cuándo es patológico.

Existen diversos tipos de pruebas que sirven para establecer si la pérdida de la memoria se asocia al envejecimiento normal, a fallos cognitivos leves o a la enfermedad de Alzheimer.

En la exploración neuropsicológica el paciente no solo se somete a tests de memoria, sino que también se evalúan otras funciones cognitivas, como la flexibilidad mental y la capacidad de inhibición y la orientación en el espacio. Los estudios de neuroimagen ayudan a establecer el diagnóstico.

¿Quién, en determinadas circunstancias, no ha conseguido de ninguna de las maneras recordar el apellido de cierta persona, no ha logrado ubicar algún lugar, no se ha olvidado de qué objeto iba a buscar o no atinaba a decir lo que quería justo en aquellos momentos? Conscientes de que la memoria no es infalible, nos inquietamos, empero, cuando estos fallos se repiten. ¿Nos hallaremos en el umbral de la enfermedad de Alzheimer? Sabemos que con la edad se va perdiendo memoria, pero la cuestión es cuándo tal declive es "normal" y cuándo deja de serlo.

En evitación de inquietudes inútiles y también para iniciar cuanto antes —si fuera menester— el tratamiento adecuado, hay que saber tomar las decisiones adecuadas en el momento justo y conocer las herramientas disponibles para enfrentarse a una eventual enfermedad. Hace poco una paciente, llamémosle Agata, acudió a nuestro "consultorio de la memoria". En una trayectoria habitual, había pasado por el médico de cabecera y el neurólogo antes de acudir al Centro Cicerón, de Caen, para reconocimientos tomográfi cos específi - cos. Al comienzo, se quejaba de ciertos "agujeros" nimios en su memoria. Agata tiene 65 años. Desde hace 12 meses sufre "ausencias", momentos de inseguridad y olvidos. "Paso mucho tiempo buscando mis cosas; no sé nunca dónde las he dejado; bajo al sótano y olvido lo que he ido a buscar allí... Mi marido, que se pone nervioso, y mi hija, inquieta, me aconsejan acudir a la consulta de un médico." Con cierto distanciamiento no ve sus problemas tan graves. Tal vez, piensa, su perturbación no sea tan profunda y quizá se alarme sin fundamento.

Primeros síntomas preocupantes

Pero hay algo que un buen día viene a precipitar su decisión: se ha olvidado de ir a recoger a su nieto a la salida del colegio; algo que jamás le había sucedido y que le provoca una mezcla de angustia y de vergüenza. Decide entonces acudir a la consulta de un neurólogo. Descubre el mundo de la enfermedad de Alzheimer, una auténtica plaga que sufren unos 20 millones en todo el mundo. De aquí al año 2020 se habrá duplicado la cifra.

Esta enfermedad se caracteriza por mermas que van desde fallos parciales hasta la absoluta incapacidad de 

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.