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1 de Marzo de 2015
Biología celular

Vida tras la muerte celular

En la apoptosis, o muerte programada, las células de nuestro organismo crean una suerte de «ataúd» para evitar que su contenido potencialmente tóxico se libere y cause daños en el tejido circundante.

Esta célula pulmonar cancerosa está experimentando apoptosis. La formación del «ataúd» de microtúbulos (rojo) y la fragmentación del núcleo (azul) son dos rasgos característicos de este tipo de muerte celular. [CORTESÍA DE LOS AUTORES]

En síntesis

En nuestro cuerpo, la muerte de las células ocurre sin cesar, al tiempo que se renuevan los tejidos y los órganos. El mecanismo para eliminar las células senescentes o defectuosas sin ocasionar daños al tejido circundante se denomina apoptosis, un tipo de muerte celular que se produce de forma programada.

Durante este proceso, se desencadena una cascada de reacciones proteolíticas que degradan los componentes celulares. Pero estas no alcanzan a la membrana, que se mantiene íntegra gracias a la formación de una barrera de microtúbulos que facilitan la eliminación controlada de la célula.

Conocer en profundidad el mecanismo de la apoptosis puede ayudar a determinar el origen del desequilibrio entre muerte y renovación celular que se asocia con ciertas enfermedades, como el alzhéimer.

En nuestro cuerpo, así como en el de todos los organismos multicelulares, la muerte de las células ocurre en todo momento, desde las primeras fases del desarrollo embrionario hasta el fallecimiento. Las células se hallan inmersas en un ciclo continuo de proliferación y muerte. El equilibrio entre ambos procesos resulta fundamental para mantener el correcto funcionamiento de los tejidos. Las células que mueren por envejecimiento o por lesiones accidentales son de esta forma remplazadas por otras gracias a la multiplicación de las células vecinas, lo que permite mantener más o menos constante su número en los tejidos y órganos.

El desequilibrio entre ambos mecanismos puede dar lugar a la aparición de diferentes enfermedades. Si la balanza se inclina hacia una mayor proliferación, pueden desarrollarse tumores o procesos cancerosos. En cambio, si se inclina hacia una mayor mortalidad, pueden surgir distintos trastornos neurodegenerativos, como la enfermedad de Alzheimer. Durante el desarrollo embrionario, la eliminación de células desempeña igualmente un papel fundamental, ya que contribuye al modelado final de las estructuras del organismo.

La muerte celular es, pues, un fenómeno inherente a la vida y permite que aquellas células que no funcionan correctamente, ya sea debido a su envejecimiento, a lesiones fortuitas o a la intervención médica (quimioterapia o radioterapia en el tratamiento del cáncer) sean destruidas de una manera controlada. A tal fin, los organismos han desarrollado un mecanismo denominado apoptosis, un tipo de muerte con la que se evita dañar las células vivas vecinas y en la que los macrófagos, unas células especializadas del sistema inmunitario, eliminan las células muertas. La «limpieza» llevada a cabo por los macrófagos permite que la muerte sea fisiológica y no cause mayores problemas al organismo. No obstante, en ocasiones este sistema puede verse saturado, como cuando, a causa de alguna enfermedad, hay un exceso de células muertas por apoptosis y los macrófagos no pueden eliminarlas con la suficiente celeridad.

La muerte celular, en particular la apoptosis, quizá sea uno de los procesos más estudiados en el ámbito de la biología celular. Entender los mecanismos de su funcionamiento en las enfermedades reviste una enorme importancia, ya que no solo puede ayudar a desvelar las causas que las provocan, sino también a plantear nuevas alternativas para su tratamiento.

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