Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Cambio climático

Escudos contra la radiación solar

El calentamiento global se ha convertido en una emergencia tal, que algunos expertos del clima están dispuestos a explorar soluciones que protejan la Tierra de los rayos solares. Ninguna de las soluciones propuestas resulta plenamente eficaz.

Las nubes espaciales de «parasoles», tal y como representa esta ilustración, podrían frenar el calentamiento de nuestro mundo. [KEVIN HAND]

En síntesis

Muchos científicos apoyan la investigación en «geoingeniería», las acciones encaminadas a frenar o invertir el calentamiento global sin reducir las emisiones de CO2.

De las muchas propuestas de ese tipo, las que bloquean la luz solar que llega a la Tierra tendrían el efecto más inmediato. Pero todas presentan inconvenientes y efectos colaterales.

Inyectar dióxido de azufre en la estratosfera, como los volcanes, parece el mecanismo más fiable para bloquear la luz del Sol. Otras propuestas abrillantan las nubes sobre los océanos mediante la inyección de sal marina en la atmósfera o proyectan construir una sombrilla en el espacio.

Cuando David W. Keith, de la Universidad de Calgary en Alberta, dicta conferencias sobre geoingeniería, recuerda lo vieja que es la idea. Se piensa en la modificación deliberada del clima para contrarrestar el calentamiento global desde hace tanto como éste preocupa. Allá por 1965, cuando Al Gore empezaba sus estudios universitarios, un comité de expertos en medio ambiente avisó al presidente Lyndon B. Johnson de que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por la quema de combustibles fósiles podrían causar "cambios importantes en el clima", "perjudiciales" sin duda. No mencionaron la posibilidad de reducir las emisiones. Sí se refirieron a otra idea: "la diseminación de partículas muy pequeñas y reflectantes" sobre cerca de quince millones de kilómetros cuadrados de océano. El propósito era desviar hacia el espacio un uno por ciento más de luz solar. "Una chifladura", dice Keith, "que no valdría para nada".

Aunque en los años siguientes no faltarían las propuestas de geoingeniería, cayeron todas en saco roto; científicos y ecologistas las consideraron necias, si no inmorales, un intento de eludir la verdadera raíz del calentamiento global. Tres hechos recientes han llevado a que hoy la geoingeniería goce de mejor reputación.

En primer lugar, a pesar de los muchos años de diálogos y de tratados internacionales, las emisiones de CO2 siguen creciendo más rápidamente de lo que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, hace tan solo un par de años, había predicho para el peor de los casos. Y, como dice Ken Caldeira, de la Institución Carnegie para las Ciencias en Stanford, siguen tendiendo a crecer, igual que la dependencia del carbón.

En segundo lugar, el hielo se funde más deprisa que nunca en los polos. Podría significar que el clima está mucho más cerca del límite, de un punto de avalancha de cambios, de lo que se pensaba.

Y en tercer lugar está la gran repercusión que tuvo en 2006 un artículo publicado en la revista Climatic Change, donde Paul J. Crutzen pedía que se tomase muy en serio la geoingeniería. Crutzen recibió el premio Nobel de Química en 1995 por sus trabajos sobre la destrucción del ozono atmosférico.

En noviembre de 2007, a Keith y a Daniel P. Schrag, de la Universidad de Harvard, no les costó convencer a climatólogos de renombre para que compartiesen con geoingenieros un congreso en Cambridge, Massachusetts. Los allí reunidos llegaron a la conclusión de que había que investigar más: algunos, porque la geoingeniería realmente les apasionaba; otros, porque la consideraban el mal menor; y aún otros, porque querían darle la puntilla. Pero todos concordaban en que no podía prescindirse de la geoingeniería.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.