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El primate interconectado

Por primera vez en la historia de nuestra especie nunca estamos solos ni aburridos. ¿Hemos perdido algo fundamental acerca de nuestra humanidad? Sherry Turkle, socióloga del Instituto de Tecnología de Massachusetts, opina que permanecer siempre conectados está mermando nuestras capacidades sociales.

MARTIN O'NEILL

Si usted tiene un teléfono inteligente, una página de Facebook y una cuenta en Twitter, es muy probable que alguna vez haya acabado por ignorar a un amigo o familiar que se encontraba en la misma sala a causa de toda esa tecnología social. Gracias a ella nunca estamos solos ni aburridos. Sin embargo, puede hacer que prestemos menos atención a nuestros allegados e incluso que nos resulte más difícil estar con nosotros mismos.

A muchos nos da miedo admitirlo. «Aún nos encontramos en una fase de romance con estas tecnologías», explica Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachusetts. «Somos como jóvenes enamorados, temerosos de estropearlo todo si hablamos de ello.»

Turkle ha entrevistado a cientos de personas de todas las edades acerca de cómo interaccionan con sus teléfonos inteligentes, tabletas, redes sociales, avatares y robots. Cree que, a diferencia de otras innovaciones rompedoras previas, como la prensa escrita o la televisión, los dispositivos del tipo «siempre encendido, siempre contigo» amenazan con socavar algunas de las facultades humanas básicas que necesitamos para desarrollarnos. Turkle expresa en esta entrevista sus preocupaciones, pero también un cauto optimismo acerca de la capacidad de los más jóvenes para resolver el problema.

¿Qué le interesa más sobre nuestra constante interacción con la tecnología social?

Uno de los principales cambios que observo es la poca tolerancia a estar solos. Parte de mi trabajo de campo tiene lugar en señales de stop o en la cola de los supermercados. En cuanto la gente tiene un segundo libre, ya está ocupada con su teléfono móvil. Absolutamente toda la investigación al respecto indica que la capacidad de las personas para estar a solas está desapareciendo. Y lo que puede ocurrir es que perdamos los momentos para soñar despiertos o para la introspección.

¿Afecta eso a individuos de todas las edades?

Sí. Pero los niños, sobre todo, necesitan soledad. La soledad constituye una condición previa para aprender a conversar con nosotros mismos. Esa capacidad para estar a solas y descubrirse a uno mismo constituye la base del desarrollo. Pero ahora, desde muy jóvenes —incluso a los dos, tres, o cuatro años—, a los niños se les da acceso a una tecnología que reemplaza la soledad por distracciones externas. Irónicamente, eso dificulta establecer relaciones verdaderas.

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