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Por qué el cerebro prefiere el papel

La popularidad de las tabletas y los reproductores de libros electrónicos crece a la par que mejora su tecnología. Pero la lectura en papel sigue teniendo sus ventajas.

KYLE BEAN

En síntesis

Durante los últimos veinte años, varios estudios han indicado que los textos impresos se comprenden y recuerdan mejor que los presentados en una pantalla. Los formatos digitales impiden que el lector explore el texto de manera intuitiva y se forme una imagen mental de su estructura.

En general, las pantallas fatigan cognitiva y físicamente más que el papel. Moverse por la pantalla reclama una atención constante por parte del usuario; además, la luz directa que proyectan los ordenadores y las tabletas puede cansar la vista y provocar dolor de cabeza.

Varias investigaciones preliminares sugieren que, debido a la distracción que provocan muchos dispositivos electrónicos, incluso los «nativos digitales» recuerdan mejor una historia cuando la leen en papel. La mayor ventaja de este soporte tal vez resida en su simplicidad.

Uno de los vídeos de YouTube más provocadores y más difundidos de los últimos dos años comienza con una escena bastante prosaica: una niña de un año juega con un iPad, pasa sus dedos por la pantalla táctil y arrastra los iconos. Después, sin embargo, la vemos pellizcar, acariciar y golpear las páginas de revistas de papel, como si también estas fueran pantallas.

Para el padre de la niña, el vídeo (titulado A magazine is an iPad that does not work, «Una revista es un iPad que no funciona») da testimonio de una transición generacional. En la descripción adjunta al vídeo, escribió: «Las revistas son hoy inútiles e imposibles de entender para los nativos digitales», es decir, para aquellos que han comenzado a usar la tecnología digital desde su más tierna infancia, rodeados no solo por libros y revistas de papel, sino también por teléfonos inteligentes, Kindles y iPads.

Tanto si la niña esperaba que las revistas se comportasen como un iPad como si no, el vídeo lleva a plantearse una cuestión de calado que no solo afecta a los más jóvenes: ¿depende nuestra manera de leer del soporte que utilicemos?

Desde los años ochenta, más de cien estudios de psicología, ingeniería informática, ciencias de la información y biblioteconomía han indagado las diferencias entre leer en papel y en pantalla. Hasta 1992, la mayoría de los experimentos concluían que, sobre una pantalla, las crónicas y los artículos se leían más despacio y se recordaban peor. No obstante, conforme la resolución de las pantallas ha ido mejorando, han comenzado a aparecer resultados más variopintos. Algunas encuestas recientes hacen pensar que, aunque la mayoría sigue prefiriendo el papel (sobre todo si la lectura exige una concentración prolongada), la actitud hacia la pantalla estaría cambiando poco a poco, a medida que la tecnología se perfecciona y el hábito de leer en dispositivos electrónicos se populariza, ya sea para consultar información o con fines lúdicos. En EE.UU., el formato electrónico supone más del 20 por ciento de las ventas totales de libros entre el público general.

Sin embargo, a pesar de la creciente popularidad de una tecnología que cada vez resulta más fácil de usar, la mayoría de los estudios publicados desde principios de los noventa parece confirmar las conclusiones previas: como soporte para la lectura, el papel sigue ofreciendo más ventajas que la pantalla. Tomados en conjunto, los ensayos en laboratorio, las encuestas a usuarios y los informes de los consumidores indican que los dispositivos digitales impiden explorar textos largos de manera eficiente, una circunstancia que puede afectar de modo sutil a la comprensión lectora. Leer en pantalla puede también consumir más recursos mentales que hacerlo en papel y, en ocasiones, los textos se recuerdan ligeramente peor. Aunque no sean conscientes de ello, muchas personas abordan el contacto con un ordenador o una tableta en un estado mental menos proclive al aprendizaje que cuando se ponen delante de un papel. Y los reproductores de libros electrónicos tampoco consiguen recrear la experiencia táctil de los libros tradicionales, lo que incomoda a algunas personas.

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