Interruptores para desactivar organismos modificados genéticamente

Un mecanismo de autodestrucción basado en la técnica CRISPR podría evitar el espionaje industrial y la contaminación ambiental.

TAVIS COBURN

Un número incalculable de bacterias Escherichia coli modificadas genéticamente viven en tanques de todo el mundo, produciendo en masa todo tipo de sustancias útiles, como insulina, polímeros plásticos y aditivos alimentarios. Cuando los microorganismos reprogramados han cumplido su función, se desechan como residuo industrial o se reutilizan como abono.

En la actualidad, esa práctica supone un riesgo ambiental mínimo, pues las bacterias E. coli modificadas son débiles en comparación con sus primas salvajes, por lo que no sobrevivirían mucho tiempo fuera del laboratorio. Sin embargo, podría ocurrir que futuros microorganismos diseñados mediante ingeniería genética llegaran a sitios donde no son deseados y entrañaran algún peligro. ¿Y si, por ejemplo, un accidente liberara microbios más robustos que fueran capaces de invadir un ecosistema en equilibrio? ¿Y si bacterias manipuladas compartieran con sus homólogas en la naturaleza, mediante transferencia horizontal de genes, ciertas características como la resistencia a los antibióticos? ¿Y si una compañía rival robara una cepa patentada por los secretos codificados en su ADN? La comunidad científica ya está desarrollando mecanismos de seguridad para hacer frente a tales contingencias.

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