Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Febrero de 2015
Biotecnología

La edición genética, más precisa

Una nueva técnica denominada CRISPR permite modificar el ADN a partir del sistema defensivo de las bacterias. Su aplicación podría revolucionar la medicina, pero hay quien teme sobre su uso incontrolado.

Al contrario de lo que sucedía con métodos previos de modificación genética, el sistema de CRISPR emplea una sola enzima de uso múltiple llamada Cas9 (en la imagen) para hacer los cortes. Lo único que se necesita es crear una guía de ARN (hebra) para dirigirlo hasta el lugar de interés, algo mucho más sencillo que sintetizar una enzima cada vez. [AXS BIOMEDICAL ANIMATION STUDIO]

En síntesis

Los científicos saben modificar el genoma de organismos vivos desde los años setenta, pero las herramientas disponibles hasta ahora eran imprecisas y difíciles de aplicar a gran escala. En consecuencia, muchos experimentos resultaban complicados y costosos.

Ahora un nuevo método llamado CRISPR podría revolucionar la modificación genómica. Basada en la defensa inmunitaria de las bacterias, esta técnica es más rápida, barata y fácil que las antiguas. Las compañías que intentan comercializar los usos de CRISPR están recibiendo grandes inversiones.

Ya han comenzado a explorarse las posibilidades de tratamiento con CRISPR para enfermedades como el sida o la esquizofrenia. Pero el hecho de que resulte tan fácil modificar genomas con este método genera ciertas preocupaciones de carácter ético.

La era de la ingeniería genética comenzó en los años setenta, cuando Paul Berg cortó un fragmento de ADN procedente de un virus que infecta a bacterias y lo unió al ADN de un virus de mono. En ese mismo período, Herbert W. Boyer y Stanley N. Cohen crearon organismos en los que habían introducido genes que se mantenían activos durante generaciones. Hacia finales de los setenta, la compañía de Boyer, Genentech, producía insulina a gran escala a partir de la bacteria Escherichia coli, la cual albergaba un gen sintético humano. Y en laboratorios de todo el mundo ya se usaban de manera rutinaria ratones transgénicos para estudiar enfermedades.

Esos hitos cambiaron el curso de la medicina. Sin embargo, los métodos de aquella época presentaban dos grandes limitaciones: eran imprecisos y difíciles de aplicar a gran escala. El problema de la imprecisión se resolvió en los años noventa cuando se diseñaron unas proteínas que podían cortar el ADN en localizaciones específicas. Ello supuso un gran avance con respecto a las técnicas de inserción aleatoria de ADN que se usaban hasta entonces y que dependían de la suerte para generar una mutación útil. A pesar de este salto cualitativo, todavía se tenía que diseñar una proteína específica para cada secuencia de ADN que se deseara modificar, una tarea que resultaba lenta y complicada.

Esa realidad ha comenzado a cambiar hace solo tres años. Unos cuantos investigadores de los laboratorios de Emmanuelle Charpentier, en la Universidad de Umeå, y de Jennifer Doudna, en la Universidad de California en Berkeley, descubrieron un mecanismo celular que permitía modificar material genético con una facilidad y rapidez sin precedentes. Poco después, investigadores de la Universidad Harvard y del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) demostraron que esa estrategia podía servir para generar numerosos cambios en el genoma de una célula de forma coordinada y precisa.

En apenas dos años estos avances han impulsado la industria de la ingeniería genética y se espera que afecte muy positivamente a los campos de la genética y la medicina. Hoy es posible modificar animales de manera personalizada en cuestión de semanas, algo que hasta hace muy poco suponía años de trabajo. La técnica se está empleando también para buscar terapias contra enfermedades tan diversas como el sida, el alzhéimer o la esquizofrenia. Sin embargo, el hecho de que resulte tan fácil y barata ha levantado las alarmas en algunos comités éticos.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.