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  • Abril 2018Nº 34

Tecnología

Enseñanza adaptativa

Escuelas y universidades están incorporando medios técnicos que confeccionan contenidos a la medida del alumno y libran a los profesores de las clases presenciales. ¿Es para mejor?

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El pasado otoño, cuando Arnecia Hawkins se matriculó en la Universidad de Arizona, no era consciente de que iba a participar en un experimento para remodelar la enseñanza superior en Estados Unidos. Con todo, al final del segundo semestre aún continúa aprendiendo matemáticas con una máquina. En un aula de informática bien dotada, en el solitario sucedáneo de campus que la universidad tiene en Tempe, ella y una estudiante de segundo año, Jessica, siguen haciendo ejercicios de contabilidad. En la pantalla, un panel de control les permite repasar vídeos, textos, exámenes y resolver problemas al ritmo que ellas se marcan. Mientras trabajan, sus respuestas —así como un torrente de datos que revelan cómo han llegado a ellas— son enviadas a un servidor remoto. Una serie de algoritmos informáticos comparan esas estadísticas con las de decenas de miles de estudiantes. Con ello, intentan indagar qué está aprendiendo Hawkins, qué aspectos le cuestan más, qué debería estudiar a continuación y de qué forma debería hacerlo.

Que un ordenador hiciese las veces de profesor fue todo un cambio para Hawkins: «No voy a mentir, al principio me resultaba un incordio», cuenta. El nuevo método también tomó por sorpresa al responsable de la asignatura. David Heckman, matemático habituado a disertar en clase, tuvo que adoptar el papel del profesor ambulante que atiende a manos alzadas aquí y ayuda a los estudiantes rezagados allá. Al poco tiempo, sin embargo, ambos comenzaron a apreciar algunas ventajas. A Hawkins le gusta avanzar a su ritmo y administrarse con libertad las horas de estudio, ya sea con el ordenador portátil o en el aula de informática. Heckman, por su parte, puede seguir con mayor facilidad el progreso de sus alumnos. Un panel de control le informa con todo detalle sobre la marcha de cada estudiante; no solo sobre quiénes están al día y quiénes no, sino sobre qué concepto está aprendiendo cada uno. Heckman explica que aún prefiere dar clase, pero parece estar adaptándose. Y el método viene con un auténtico regalo para el personal docente: el programa se encarga de casi todo el trabajo de evaluación.

Al final del curso, Hawkins recibirá la que probablemente sea su última clase de matemáticas en la universidad. Y pensará en este método de aprendizaje —ahora tan novedoso y controvertido— como en una experiencia universitaria «normal». «¿Es que tenemos clases normales de matemáticas aquí?», pregunta.

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