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  • Abril 2018Nº 34

Análisis

Luces y sombras de los MOOC

Los nuevos cursos virtuales masivos prometen revolucionar la enseñanza superior. Sin embargo, poco añaden al ya consolidado modelo de formación flexible que ofrece la educación en línea.

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Los cursos en línea masivos y abiertos (MOOC) han desembarcado con fuerza desde el continente americano y han creado una sensación simultánea de entusiasmo e inquietud en buena parte de la comunidad universitaria española.

Para conocer a sus verdaderos creadores tenemos que retrotraernos al año 2008 en Canadá, donde G. Siemens, de la Universidad de Athabasca, S. Downes, del Consejo de Investigación Nacional, y D. Cormier, de la Universidad de la Isla del Príncipe Eduardo, desarrollaron el primer MOOC como una apuesta por poner en práctica su teoría pedagógica del conectivismo. Pero, en realidad, el descomunal esfuerzo mediático realizado para lanzar los primeros cursos de las empresas estadounidenses Coursera, Udacity y EdX ha sido el que ha puesto los MOOC en primera línea de los medios especializados y les ha dado voz en aquellos más generalistas.

Todo ello ha creado un contexto en el que el estado de opinión sobre este movimiento se halla notablemente condicionado. No cabe duda, sin embargo, que se hace difícil no compartir los eslóganes que se están utilizando. La enseñanza superior se está encareciendo por momentos —en especial, en los Estados Unidos, de ahí la procedencia del fenómeno—, y la educación en línea puede facilitar el acceso a los estudios universitarios a muchísimas más personas de lo que pueden hacer los campus presenciales. Por otro lado, la formación en línea llega a lugares remotos, donde la educación superior representa la única posibilidad de desarrollo para numerosos jóvenes y para los territorios donde estos habitan. Si, además, el aprendizaje en línea en forma de MOOC resulta gratuito para esas personas, los argumentos son irrebatibles.

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