Sucesión y evolución

El modelo de sucesión y cambio permite explicar tanto el estadio inicial de cambio catastrófico como el posterior de sucesión convencional, habituales en muchos sistemas ecológicos.

Sucesión de la comunidad vegetal después de un incendio. [Getty Images/brytta/iStock]

Los ecólogos de ciertas escuelas muestran una especial afición por destacar procesos de cambio en los ecosistemas y asignarles flechas con sentidos bien definidos. Valga de ejemplo la sucesión. Se entiende por tal la lenta transformación en bosque de un campo abandonado, a través del incremento de la biomasa, normalmente con aumento de la complejidad y siempre con reducción de la energía intercambiada por unidad de tiempo y por cantidad de biomasa conservada. Otro ejemplo es el modelo de evolución gradual, que se aprecia en el registro fósil de varios grupos de organismos, como foraminíferos, ostrácodos, amonites, caballos y elefantes. Muchos reconocen en estas regularidades ciertas "leyes" formales que atañerían al aumento del tamaño, la especialización y la irreversibilidad.

Una representación completa de la naturaleza debería ser más amplia y, más allá de los procesos continuos de sucesión y evolución regular, habríe de considerar los procesos más o menos opuestos, que conducen a la destrucción o regresión de la cubierta vegetal. Habría de dar asimismo alguna explicación evolutiva de lo que ocurre cuando, y allí donde, haya de incluirse una componente importante de impredictibilidad e inventiva.

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