Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Junio de 1996
Ingeniería nuclear

Chernóbil, diez años después

Las consecuencias para el ambiente y la salud de la mayor catástrofe producida en una central nuclear perdurarán a través de generaciones.

Un policía ucraniano controla el acceso a una localidad del distrito de Narodichi, región evacuada tras la explosión en la cercana central de Chernóbil que causó la precipitación de partículas radiactivas. [Igor Kostin/Mago]


“Era como si el mundo llegase a su fin... No daba crédito a lo que veían mis ojos: el reactor hecho trizas por la explosión. Nadie antes había contemplado semejante desastre. Como soy ingeniero nuclear, me di cuenta enseguida de las consecuencias que tendría lo que había pasado. Un infierno nuclear. Sentí pánico.”

Así me escribía, en 1986, el jefe encargado del reactor nuclear que estalló en la central de Chernóbil (en el norte de Ucrania). La explosión y el incendio que produjo esparcieron cenizas radiactivas por buena parte de la Europa oriental. Aunque no reconoció su culpa, fue luego uno de los encarcelados por la parte que le tocaba en el desastre.

Las investigaciones oficiales subsiguientes han demostrado, sin embargo, que la responsabilidad de esta tragedia espantosa no correspondía sólo a quienes vigilaban la central la noche del 25 y la madrugada del 26 de abril de 1986. Las consecuencias, igualmente, se han extendido mucho más allá de la industria nuclear; los problemas que se han suscitado son fundamentales en una civilización dominada por la técnica. Antes de la explosión, Chernóbil era una pequeña ciudad apenas conocida para el resto del mundo. Desde entonces, su nombre ha entrado en los anales de la historia asociado al peor desastre ambiental de origen técnico. En todo el mundo es metáfora de catástrofe, lo mismo que “Stalingrado” o “Bophal”. Sus repercusiones políticas aceleraron el derrumbe del imperio soviético.

La importancia de este desastre para toda la humanidad obliga a conocer las razones de que sucediera así como sus consecuencias. Son bien sabidos los hechos que condujeron a la explosión. El reactor número cuatro, un RBMK-1000, de 1000 megawatts, producía vapor que movía los generadores de electricidad. La noche del accidente los técnicos realizaban una prueba; querían ver cuánto tiempo funcionaban los generadores sin energía. Para ello redujeron mucho la que producía el reactor y bloquearon el flujo de vapor hacia los generadores.

Por desgracia, el diseño del RBMK-1000 tiene un defecto que vuelve inestable su funcionamiento a baja energía. En esas condiciones, basta un aumento espurio de la producción de vapor para que se acelere la de energía en el reactor. Si entonces se genera más vapor, puede haber una erupción desbocada de energía. Además, los técnicos, para que no perturbasen los resultados de la prueba, habían desconectado los sistemas de seguridad, que podrían haber evitado la destrucción del reactor.

A la una y veintitrés con cuarenta segundos de la madrugada del 26 de abril, tardíamente consciente de que la situación se había vuelto peligrosa, un empleado apretó un botón que activaba el sistema automático de protección. Se proponía con ello apagar el reactor, pero ya era demasiado tarde. Lo que en realidad pasó fue como si un conductor pisase el freno para disminuir la velocidad de su coche y provocase, por contra, una aceleración incontrolable.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.