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1 de Enero de 2015
Neurología

Alteraciones mielínicas en la esquizofrenia

Constatan la importancia de la proteína DDR1 para la formación de la mielina, así como su implicación en el trastorno esquizofrénico.

La sustancia gris agrupa los somas de las neuronas, las cuales conectan entre sí a través de los axones. En la sustancia blanca, los oligodendrocitos se encargan de formar la mielina que recubre los axones (prolongaciones de la neurona) para aislarlos y facilitar con ello la transmisión de señales.

La esquizofrenia se caracteriza por la presencia de varios tipos de síntomas: los positivos (ideas delirantes y alucinaciones) y los negativos (aislamiento social, pérdida de la iniciativa y alteraciones en el manejo de las emociones, entre otros); también se acompaña de un deterioro de las funciones cognitivas. Esta enfermedad suele comenzar alrededor de los 18 años en los hombres y de los 21 en las mujeres.

Junto con las terapias psicológicas para la rehabilitación de estas personas, resulta imprescindible el tratamiento farmacológico. Los fármacos están dirigidos a interferir la función de las neuronas y resultan muy eficaces para el control de los síntomas positivos, pero son poco útiles para tratar el resto de las manifestaciones.

Si bien en la actualidad se acepta que la esquizofrenia es consecuencia de una interacción de anomalías genéticas y factores ambientales que ocasionan alteraciones en el funcionamiento de las neuronas, cada vez existen más pruebas de que, además de las neuronas, otras células del cerebro cumplen una importante función en este trastorno. La puesta en común de resultados procedentes de análisis moleculares, anatómicos y estudios de neuroimagen han alimentado un nuevo modelo fisiopatológico de la esquizofrenia, el cual se centra en una disfunción de la mielina.

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