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Estimulación sensorial para tratar el ictus

Descubren en ratas que las caricias y los estímulos auditivos pueden restablecer la conexiones neuronales deterioradas como consecuencia de una apoplejía.

STUART BRIERS

En síntesis

La investigación del ictus se ha visto frustrada durante muchos años a causa de la complejidad de la respuesta cerebral y del fracaso de terapias que parecían prometedoras.

Un descubrimiento accidental en ratas de laboratorio ha revelado que si se estimula sus sentidos moviendo su bigote o haciendo ruido, se activan las neuronas que han quedado aisladas a causa del ictus y se desvía el aporte sanguíneo para nutrirlas.

Los tratamientos basados en este enfoque se hallan todavía lejos de poderse aplicar en humanos, pero los investigadores albergan esperanzas de que tocar la mano o la cara de un afectado de ictus pueda suponer un beneficio similar al que se ha constatado en animales.

Imagínese la siguiente escena: se encuentra de visita en casa de su tía. De repente percibe que la mujer, ya entrada en años, empieza a hablar de manera ininteligible; también le cuesta mantenerse erguida en la silla y parece confundida. Usted reconoce que se trata de una apoplejía. De inmediato pide a su tío que llame a una ambulancia mientras ayuda a la anciana a recostarse en una posición que le resulte confortable. Le acaricia los labios, la cara y la yema de los dedos a la vez que le canta al oído y no deja de hablarle. El equipo de emergencias médicas entra a toda velocidad en el salón y coloca en la cabeza de la afectada lo que parece un gorro de ducha con componentes electrónicos incrustados. Le explican que es una especie de desfibrilador que suministra estimulación eléctrica al cerebro. Mientras se llevan a su tía en una camilla, se siente aliviado: sabe que la estimulación sensorial que le ha suministrado en esos primeros minutos críticos del infarto cerebrovascular pueden haberle evitado secuelas graves.

En la actualidad, las posibilidades de ayudar en caso de un ictus resultan limitadas. Pero, de confirmarse en humanos los últimos logros en animales, el tipo de estimulación que acabamos de describir podría reconducir el suministro sanguíneo en el cerebro, lo que permitiría prevenir la muerte celular. Por ahora, solo se conoce un método para ello, a saber, un fármaco que deshace los coágulos de sangre. No obstante, solo un número reducido de pacientes se benefician de esta intervención. A pesar de que los científicos llevan décadas estudiando el infarto cerebrovascular, en la mayoría de los casos el daño cerebral resulta inevitable. «Tenemos muy pocos tratamientos para este problema. Necesitamos desarrollar más», comenta Steven C. Cramer, de la Universidad de California en Irvine.

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