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1 de Marzo de 2011
Computación

Robots científicos

Conciben hipótesis, realizan experimentos para verificarlas y evalúan los resultados. Todo ello sin intervención humana.

DAVID JOHNSON

En síntesis

La complejidad de algunos problemas científicos es tal que el diseño y la realización de los experimentos necesarios para solucionarlos requieren una cantidad prohibitiva de tiempo.

Los robots científicos podrían llenar ese vacío. Adam, un prototipo, formula hipótesis sobre las funciones de los genes de la levadura S. cervisiae y concibe experimentos para verificarlas.

Mediante la inteligencia artificial y un equipo robótico, Adam descubrió los tres genes que codifican cierta enzima de la levadura, un resultado que había escapado a los científicos.

Los críticos sostienen que Adam no es un científico, pues requiere intervención humana. Aun así, una colaboración entre robots y humanos daría mejores resultados que cualquiera de ellos por separado.

¿Pueden automatizarse los descubrimientos científicos? Con ello no nos referimos a automatizar los experimentos. Nos preguntamos sobre la posibilidad de construir una máquina (un «robot científico») que lleve a cabo todo el proceso que aporta nuevos conocimientos a la ciencia. Nuestro grupo de investigación lleva un decenio tratando de desarrollar una.

A ello nos mueven dos finalidades. La primera, comprender mejor la ciencia. Tal y como sostenía el físico y premio nóbel Richard Feynman, es imposible entender aquello que no podemos crear. Construir un robot científico nos obliga a tomar decisiones de ingeniería que tengan en cuenta los mecanismos que intervienen en la formulación de hipótesis, la relación entre objetos físicos y conceptos abstractos, y la existente entre los fenómenos observados y su formulación teórica.

Nuestra segunda motivación es de carácter técnico: máquinas de ese tipo posibilitarían una investigación más productiva y rentable. Hoy, la complejidad de algunas cuestiones científicas alcanza tales niveles que no existen suficientes expertos en el mundo para abordarlas. En esos casos, las mayores esperanzas residen en un tratamiento automatizado.

Los recursos informáticos destinados a la investigación científica han experimentado mejoras constantes. Consideremos la automatización de laboratorios gracias a las técnicas de cribado de alto rendimiento y sus aplicaciones a la secuenciación del ADN o la selección de fármacos, los ordenadores que automatizan el análisis de datos y que ya comienzan a formular hipótesis, o los programas de aprendizaje automático que se emplean en el diseño de fármacos. El objetivo de un robot científico consiste en combinar todas esas técnicas para automatizar el proceso completo: formular hipótesis, concebir y realizar experimentos que las sometan a prueba y repetir el ciclo hasta producir nuevos conocimientos. ¿Es posible construir una máquina semejante? Dos robots diseñados por nuestro laboratorio, así como otros en todo el mundo, sugieren una respuesta afirmativa.

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