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Salud pública

Prevención de pandemias

Una red internacional de vigilancia de flujos víricos, de animales a humanos, facilitaría la prevención de epidemias a escala mundial.

Los animales salvajes pueden ser portadores de patógenos con capacidad de saltar a los humanos, el primer paso hacia una infección de gran mortandad. Por ello, el nuevo plan de prevención de pandemias parte de esos animales. [Oxford Scientific/Getty Images; Jen Christiansen (fotoilustración)]

En síntesis

La mayoría de las enfermedades infecciosas humanas han tenido un origen animal.

Históricamente, la epidemiología ha centrado en animales domésticos la fuente de estos azotes. Los animales salvajes nos han transmitido también numerosos patógenos, entre ellos el VIH.

Para abordar la amenaza que plantean los animales que viven en libertad, se están estudiando los microorganismos asociados y las personas que entran en contacto frecuente con dichos animales.

Tal supervisión puede facilitar la detección de brotes infecciosos con la antelación suficiente para impedir que se conviertan en pandemias.

Me corría el sudor por la espalda, tenía los brazos lacerados por arbustos espinosos y se nos estaban escapando otra vez. Los chimpancés salvajes que mis colegas y yo habíamos estado siguiendo durante casi cinco horas habían dejado de gruñir, ulular y chillar. En condiciones normales, tales voces nos hubieran ayudado a seguir su rastro a través del bosque Kibale, en Uganda. Que tres machos vigorosos quedasen súbitamente en silencio era presagio de un drama. Los localizamos de pronto, al aproximarnos a un pequeño claro del bosque, erectos al pie de una enorme higuera, con la vista clavada en lo alto, hacia una tropilla de monos colobos que comía y jugaba en la copa.

Los monos proseguían con su comida matinal, ignorantes de los tres simios. Tras lo que pareció ser una breve consulta entre ellos, los chimpancés se separaron. Mientras el líder se deslizaba sigilosamente hasta la higuera, sus compañeros se dirigieron en silencio hacia dos árboles vecinos. Entonces, en un instante, el líder trepó a toda velocidad por la higuera, gritando. Los monos trataron frenéticamente de huir de su atacante, entre una lluvia de hojas. Pero el chimpancé había calculado bien su táctica. Aunque no logró capturar a ninguno de los monos, uno de sus socios sí apresó a un juvenil y bajó del árbol llevando a rastras al monito, dispuesto a compartir su presa.

Mientras los chimpancés se daban un festín con la carne cruda y las entrañas del mono, me vino a la mente que esta escena contenía todos los elementos de la tormenta perfecta para permitir el salto de microorganismos de una especie a la siguiente, algo así como si unos viajeros espaciales, merced a una torsión del espacio-tiempo, pudieran trasladarse de una galaxia a otra. Cualquier agente patógeno presente en la víctima contaba ahora con las condiciones ideales para infiltrarse en un nuevo tipo de huésped: los chimpancés estaban manipulando y consumiendo órganos frescos; tenían las manos cubiertas de sangre, saliva y heces, todas las cuales posibles portadoras de patógenos; los ojos y la nariz, salpicados de sangre y otros fluidos.

Las llagas o cortes que pudieran tener los cuerpos de los cazadores facilitarían a los patógenos una vía directa al torrente sanguíneo. De hecho, trabajos realizados por el nuestro y otros grupos han demostrado que la caza, sea por animales, como los chimpancés, o por humanos, proporciona al virus un puente entre la presa y el depredador. La forma pandémica del VIH (virus de inmunodeficiencia humana) dio comienzo justamente así, pasando de monos a chimpancés y, más tarde, de chimpancés a humanos.

El VIH ha alcanzado tal difusión en nuestros días, que resulta difícil imaginar un mundo libre de él. Pero esta pandemia mundial no era inevitable. Si en los años sesenta y setenta del siglo pasado se hubieran buscado en Africa signos de infecciones de nuevo tipo, los epidemiólogos hubieran tenido noticia del mismo antes de que azotase a tantos millones de personas. Es muy posible que, de contar con esa ventaja, se hubiera podido intervenir y mitigar la difusión del virus.

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