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El futuro del chocolate

La ciencia se esfuerza por revitalizar el amenazado árbol del cacao y satisfacer la creciente demanda de chocolate, elaborado a partir de sus semillas.

Adam Voorhes

En síntesis

El consumo mundial de chocolate, fabricado a partir del cacao en polvo que se obtiene de las semillas del árbol del cacao, está en alza.

Pero el cultivo se halla amenazado por plagas, infecciones fúngicas, el cambio climático y la falta de acceso de los agricultores a fertilizantes y otros productos que mejoren el rendimiento.

Los investigadores trabajan para reforzar este frágil árbol mediante la selección genética, la formación de los agricultores y nuevas técnicas de plantación, riego y gestión de plagas.

Para los antiguos mayas representaba el alimento de los dioses. Los cubanos lo usaban como afrodisíaco en el siglo XIX. En el siglo XX, la experta culinaria Fannie Farmer lo recomendaba por su efecto estimulante en caso de mala digestión. El cacao, el ingrediente fundamental del chocolate, ha sido muy apreciado a lo largo de la historia, tradición que se ha mantenido hasta nuestros días. Solo el día de San Valentín los estadounidenses gastan unos 700 millones de dólares en chocolate. En Cataluña, se prevé que durante esta Semana Santa se consumirán unos 100.000 kilos de chocolate en forma de monas de Pascua. En todo el mundo, se desembolsan más de 90.000 millones de dólares al año para adquirir esta delicia. Y con el apetito en alza debido al crecimiento de la población y al mayor número de personas en los países en desarrollo, la demanda podría agotar el suministro en un futuro próximo.

Además de satisfacer a los golosos, la producción de chocolate tiene importantes repercusiones: entre cinco y seis millones de cultivadores del árbol del cacao en el trópico dependen de la venta de las semillas para alimentarse a sí mismos y a sus familias. Los trabajadores extraen las semillas (habas) de las mazorcas con forma de pelota de rugby, las hacen fermentar y las secan para hacer licor de cacao, manteca y cacao en polvo. El sustento de otros 40 o 50 millones se basa en la larga cadena de producción que recorre el cacao desde los cultivos hasta las estanterías de dulces. En Costa de Marfil, que produce el 60 por ciento del cacao del mundo, el cultivo constituye un 15 por ciento del PIB y da empleo al 15 por ciento de los hogares.

«Muchos de los agricultores utilizan el árbol de cacao para obtener dinero rápido. Cosechan algunas mazorcas y las venden para pagar gastos médicos o escolares. El árbol desempeña una función esencial en la vida rural», observa Peter Läderach, del Centro Internacional para la Agricultura Tropical, que ha dirigido recientes investigaciones sobre los efectos del cambio climático en el cultivo del cacao en Costa de Marfil y Ghana. Estos países, junto con Nigeria y Camerún, producen el 70 por ciento del cacao del mundo.

Pero el delicado árbol del chocolate, Theobroma cacao, se halla amenazado. La planta se ha mostrado siempre muy vulnerable a plagas e infecciones fúngicas. En 1988, solo seis años después de que nuestra compañía, Mars S.A., estableciera su Centro para la Ciencia del Cacao en la próspera región de cultivo de cacao en Bahía, Brasil, la zona se vio afectada por una enfermedad fúngica, la escoba de brujas. Fuimos testigos de cómo se reducía la producción en un 80 por ciento y de cómo personas cuya familia había cultivado cacao durante generaciones se veían forzadas a abandonar sus fincas y a trasladarse a barrios marginales de las ciudades. En unos pocos años desaparecía el gran archivo de conocimiento del cultivo de cacao acumulado durante siglos. Ahora, otra enfermedad fúngica, la podredumbre helada de la mazorca, se ha extendido por América Latina y pronto puede llegar a Brasil, donde podría resultar aún más devastadora que la escoba de brujas. ¿Y qué sucedería si esta última se introdujera en África Occidental, sea por accidente o por un acto de bioterrorismo?

Para empeorar las cosas, muchos agricultores, en especial los africanos, luchan por tener acceso a las mejores semillas, abonos y fungicidas, así como a la formación necesaria para usarlos correctamente. Las cosechas y los ingresos que estas generan solo alcanzan una tercera parte o menos de su potencial máximo. Incluso si el desastre no les golpea, las plantaciones sufren una fuerte presión para satisfacer la demanda prevista de cacao: los fabricantes calculan que la industria produce hoy unos 3,7 millones de toneladas de cacao y esperan que la demanda alcance los 4 millones en 2020.

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