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Actualidad científica

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  • Agosto/Septiembre 2015Nº 14

Relatividad general

Aventuras en el espaciotiempo curvo

La posibilidad de "nadar" y "planear" en un espacio curvo y vacío muestra que, pasados más de noventa años, la teoría de la relatividad general de Einstein sigue sorprendiendo.

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En una famosa serie de historias escrita en los años cuarenta, el físico George Gamow relataba las aventuras de un tal señor C.G.H. Tompkins, humilde empleado de banca, que tenía vívidos sueños de mundos donde la vida cotidiana se topaba con extraños fenómenos físicos. En uno de estos mundos, la velocidad de la luz era de 15 kilómetros por hora; pedaleando, se ponían de manifiesto los singulares efectos de la teoría especial de la relatividad de Einstein.

No hace mucho, conocí, en sentido figurado, a un nieto del señor Tompkins, el señor E. M. Everard, filósofo e ingeniero que prolonga la tradición de su antepasado. Me contó una extraordinaria experiencia que había tenido. Guardaba relación con algunos aspectos recientemente descubiertos de la teoría de la relatividad general de Einstein. Voy a compartirlos con el lector mientras narro su sorprendente historia, plagada de espacios curvos, gatos que se contorsionan en el aire y astronautas en apuros que nadan como un perro a través del vacío; quizás hasta puede que estuviese por allí Isaac Newton, revolviéndose en su tumba.

En una lejana región del cosmos, el señor Everard había salido de su nave espacial para reparar una antena averiada. Observó que las hermosas luces de las estrellas lejanas parecían distorsionadas, como si las estuviera viendo a través de una gruesa lente. Sintió también que algo estiraba suavemente su cuerpo. Sospechando que sabía de qué se trataba, tomó un puntero láser y un tubo de crema de afeitar del equipo de supervivencia que llevaba en el cinturón, y encendió la mochila cohete para comprobar su hipótesis.

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