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  • Noviembre 2015Nº 16

Medicina

Un punto débil de la resistencia bacteriana

Los biólogos evolutivos intentan atacar a las bacterias con una nueva estratagema que consiste en desbaratar su vida social.

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Rolf Kümmerli investiga en la Universidad de Zúrich nuevos fármacos para acabar con las infecciones mortíferas. Pasa la jornada en un laboratorio rodeado de placas de Petri y matraces con bacterias en cultivo. Pero la senda tomada por este investigador antes de llegar a su entorno actual de trabajo resulta extraña. En su época de estudiante universitario pasó años recorriendo a pie los Alpes suizos para examinar la vida social de las hormigas. No dirigió su atención a los microbios hasta después de recibir el título de doctor en biología evolutiva.

No obstante, el camino que separa las hormigas de los antibióticos no es tan tortuoso como pudiera parecer. Hace décadas que se estudia la evolución de la conducta cooperativa en sociedades animales como las de las hormigas, donde un ejército de obreras estériles cuida los huevos de la reina. Una nueva rama de la ciencia, a veces denominada sociomicrobiología, está revelando que algunos de los principios que rigen la vida de estos insectos pueden aplicarse a las sociedades bacterianas. A semejanza de ellos, los microbios viven en comunidades complejas donde se comunican entre sí para obtener un bien común. Esta visión de la evolución social apunta a una nueva táctica para vencer las infecciones: en lugar de luchar contra un tipo de bacteria, como hacen los antibióticos tradicionales, se intenta atacar a las sociedades microbianas enteras.

Ahora más que nunca precisamos nuevas estrategias, puesto que las bacterias están generando una amplia resistencia a los antibióticos que nos está conduciendo a una crisis sanitaria. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC), en ese país fallecen cada año 23.000 personas a causa de infecciones resistentes a los antibióticos. Y se conocen cepas del bacilo de la tuberculosis y de otros patógenos invulnerables a casi todo el arsenal disponible. «El problema resulta apremiante. Y hay razones para pensar que empeorará», afirma Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.

La respuesta habitual a esta crisis ha consistido en frenar la evolución de la resistencia y buscar nuevos fármacos para sustituir a los que iban perdiendo eficacia. Una solución estereotipada. Las bacterias desarrollan continuamente resistencia y seguirán haciéndolo a menos que hallemos una forma distinta de combatirlas. John Pepper, biólogo teórico en el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., advierte que cada nuevo fármaco que aparece acaba por fallar, tarde o temprano. La solución inmediata de sintetizar uno distinto cada vez nos resuelve la papeleta unos meses, pero ya no basta.

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