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1 de Julio de 2011
Medicina

Agilizar la creación de vacunas

La biología de sistemas propone un nuevo enfoque farmacológico, basado en un análisis profundo de la respuesta inmunitaria, que podría acelerar el diseño de vacunas.

jude buffum

En síntesis

Los métodos tradicionales para el diseño de vacunas dependen en gran medida del ensayo y error. Los investigadores desarrollan un compuesto que piensan que provocará una respuesta inmunitaria y, a continuación, lo prueban en miles de personas.

La biología de sistemas, un campo científico emergente, podría agilizar el desarrollo y los ensayos con vacunas.

Los científicos miden los cambios en la actividad genética, en los niveles de proteínas y en el comportamiento celular del sistema inmunitario en respuesta a una posible vacuna. Potentes ordenadores analizan los datos resultantes para elaborar los perfiles moleculares de esa respuesta.

Tras la comparación de esos perfiles con el perfil ideal de una respuesta inmunitaria totalmente protectora, los investigadores pueden centrarse enseguida en las fórmulas de vacunas más prometedoras y mejorarlas.

En 2007, los investigadores del sida se sintieron desolados cuando una prometedora vacuna contra el VIH no consiguió proteger a ninguno de los 3000participantes de un ensayo clínico. Peor aún, la inoculación experimental, financiada por la compañía farmacéutica Merck y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, incrementó en algunas personas la probabilidad de contraer la enfermedad. Se habían invertido millones de dólares y dedicado más de un decenio de esfuerzos en la creación de la vacuna. Mientras tanto, en esos diez años fallecieron 18 millones de personas a causa de sida y varios millones más resultaron infectadas.

La vacuna de Merck fracasó en gran parte porque todavía se desconoce la manera de crear una vacuna eficaz. Varias vacunas han demostrado un éxito espectacular, como la de la poliomielitis o la viruela. Pero el azar desempeñó un importante papel en esos logros. A partir de un conocimiento limitado del sistema inmunitario y de la biología de un patógeno, se habían realizado estimaciones razonables sobre las formulaciones de la vacuna que podrían funcionar; a continuación, quizá después de algunos ajustes y gracias a un golpe de suerte, se comprobó el efecto protector de la vacuna en las personas. Pero a menudo la falta de un conocimiento profundo sobre la respuesta inmunitaria lleva a la decepción, al verificarse la ineficacia de una vacuna después de haber llevado a cabo un gran ensayo clínico con seres humanos.

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