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Actualidad científica

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  • Junio 2015Nº 9

Epidemiología

La nueva amenaza de los poxvirus

La viruela puede haber desaparecido, pero sus primos víricos, la viruela del simio y la bovina, están organizando su regreso.

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Hace diez mil años, cuando apareció la viruela, la humanidad no pudo hacer mucho más que rezar a los dioses para pedir ayuda. El virus que causaba la enfermedad atacaba primero el revestimiento de la nariz o de la garganta y se extendía por todo el cuerpo hasta provocar una erupción cutánea característica, seguida de la formación de ampollas llenas de virus sobre la piel. A lo largo de la historia, el «monstruo moteado» mató hasta un tercio de las personas que infectaba. Solo durante el siglo XX fallecieron más de 300 millones de hombres, mujeres y niños.

Sin embargo, a finales de los años setenta, la lacra mortal fue eliminada de la faz de la Tierra gracias a las campañas de vacunación masiva que protegieron a millones de personas, que se quedaron con una pequeña cicatriz en el brazo. Sin ningún sitio donde esconderse en el mundo natural (los humanos son el único huésped del virus), la viruela fue llevada a la extinción. En la actualidad, las únicas muestras víricas conocidas se hallan encerradas en dos laboratorios gubernamentales especializados, uno en EE.UU. y el otro en Rusia. Si no se produce un accidente catastrófico de laboratorio o una liberación intencionada ni se vuelve a crear el virus mediante ingeniería genética, la viruela nunca más volverá a sembrar la muerte y la miseria en el mundo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que había organizado la campaña de erradicación, hizo esta pública en 1979, dos años después de registrarse el último caso esporádico en un trabajador de un hospital somalí. Desde entonces, ningún país ha vacunado de forma sistemática a sus ciudadanos frente a la viruela, aunque los EE.UU. empezaron a inocular a cierto personal sanitario y a determinados miembros de sus fuerzas armadas después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por tanto, toda una generación ha llegado a la edad adulta sin ninguna exposición a la enfermedad o a la vacuna, que a veces causaba efectos secundarios graves.

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